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jueves, 1 de julio de 2010

El Asesor: Persona en Camino a la Madurez

Bookmark and Share  El ser humano se entiende a sí mismo como un misterio creado que se encuentra en proceso de construcción (Moral, 1999). Este es un principio básico de la antropología teológica, en la cual se plantea la individualidad y unicidad del ser, llamado por el Trascendente a realizarse en todo su ser.


El asesor es una persona que ha recorrido algún camino en su vida; esa es la única manera como realiza su función, puesto que nadie puede acompañar ni guiar sin experiencias que avalen su asesoría. Él se sabe inacabado, convive en paz con sus defectos y sus virtudes, se acepta como persona, ha superado una serie de conflictos internos colocando cada cosa en su lugar.

En eso consiste la madurez, es el equilibrio que se va alcanzando en el interior de la persona, basando la vida en valores profundos aceptados de manera consciente por el individuo. En otras palabras, la madurez es estabilizar las dimensiones humanas del cuerpo, razón y afecto orientándolas hacia la verdadera libertad que mueve a la persona a construir un proyecto de vida factible de realizar.

Otra característica de la persona madura, y que es indispensable para el asesor, es la capacidad de autodonación. El asesor no se entiende como una fuente de sabiduría, mas sí como un ser que se encuentra en relación y se dona al joven, de manera tal que ambos crezcan en cuanto a su personalidad.

La madurez también lleva a colocar a los demás en un lugar privilegiado, dejando la instrumentalización de los otros como medio para ubicarlos con un valor absoluto, un fin en sí mismos (Gervilla, 1991). Por lo tanto, para el asesor el joven vale no por lo que hace, tiene o sus cualidades y condiciones, sino que es estimado por ser persona creada por Dios.

El asumir responsabilidades con seriedad es un buen indicador de la madurez. Por ello, el asesor se compromete con su tarea libremente, como fruto de una