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jueves, 15 de julio de 2010

La Identidad Integral del Asesor Juvenil

Bookmark and Share  La palabra “asesor” proviene de “sedere ad”, que quiere decir “sentarse junto a” y sugiere la idea de motivar, acompañar, orientar e integrar el aporte y la participación de los jóvenes en la Iglesia y la sociedad y propiciar la acogida de esa acción juvenil en la comunidad.


Identidad y características.

El asesor de Pastoral Juvenil es un cristiano adulto llamado por Dios para ejercer el ministerio de acompañar, en nombre de la Iglesia, los procesos de educación en la fe de los jóvenes.

La ministerialidad de la asesoría se fundamenta en Jesucristo servidor (Mt 20,28), que realiza el proyecto de amor liberador de Dios; en la ministerialidad de la Iglesia, que sirve a la humanidad actualizando la liberación integral realizada en Jesucristo; en el carácter bautismal, por el que todo cristiano participa de la misión ministerial de la Iglesia por obra del Espíritu y en la opción preferencial por los jóvenes asumida por la Iglesia Latinoamericana, como fruto del discernimiento sobre el proyecto de Dios para la juventud del continente.

Los ministerios son servicios que se confieren a determinadas personas para beneficio de la comunidad y para una mejor realización de su misión en el mundo. Por tanto, son mediados y discernidos por la Iglesia. En este caso, los pastores, la comunidad y los mismos jóvenes perciben juntos la necesidad de un acompañamiento real de sus procesos de educación en la fe y reconocen la oportunidad y la validez de un ministerio que lo haga posible.

La asesoría como ministerio de servicio a los jóvenes sólo puede ser ejercida por quien ha hecho una opción personal, ha recibido el envío por parte de la Iglesia y cuenta con la aceptación de los mismos jóvenes. No es un ministerio exclusivo del sacerdote o del religioso. En todos los niveles y experiencias de la Pastoral Juvenil y especialmente en las Pastorales Específicas de Juventud, crece cada día más el reconocimiento de que es también y fundamentalmente un ministerio laical.

No se trata, pues, de un “título”, ni de un “cargo de confianza” de la autoridad, ni de designar a alguien porque “es joven”, porque “le gusta” o simplemente porque hay que cumplir una “función”. Se trata de reconocer un carisma y una vocación especial para ese servicio. El reconocimiento de ese carisma por parte de la comunidad y especialmente de los mismos jóvenes, permite contrarrestar la visión “burocrática” de la asesoría, según la cual bastaría ser designado para ejercer correctamente el servicio, lo cual no es cierto y mucho menos en el mundo juvenil. Por eso, aceptar ese ministerio implica aceptar la necesidad de una capacitación para poder desarrollarlo de acuerdo a las orientaciones de la Iglesia Latinoamericana, en un sano equilibrio entre la participación juvenil y el reconocimiento de la autoridad de los pastores.

La reflexión y la práctica de la Pastoral Juvenil Latinoamericana han ido sistematizando algunas características de la identidad del asesor de pastoral juvenil que se comparten a continuación.

Identidad psicológica.

El asesor es un adulto, es decir, una persona que ha pasado ya la etapa de la juventud y ha vivido un proceso de maduración en el que ha definido su proyecto de vida y ha alcanzado una estabilidad afectiva para optar libremente y para asumir con responsabilidad los desafíos propios de su elección. Esta situación vital lo hace capaz de mirar el camino de los jóvenes desde otra perspectiva y de ofrecerles, al mismo tiempo, la posibilidad de tener un modelo de referencia para discernir sus propios proyectos.

Es una persona abierta, capaz de escuchar y dialogar con los jóvenes y de valorar lo positivo y lo negativo de sus vidas y de sus situaciones. Sabe tener una mirada de conjunto sobre la realidad y no quedarse solamente en los elementos que la componen. No rehúye los compromisos y las dificultades. Es responsable. Toma posición frente a los problemas y conflictos. Conoce el entorno en el que los jóvenes desarrollan sus potencialidades y procura encarnarse lo más posible en su realidad, con clara conciencia de que no se trata de que el asesor llegue a ser “uno más” entre ellos, sino de ser capaz de entender y acompañar desde su visión de adulto el proceso personal y comunitario que están realizando. Guía sus afectos por un auténtico amor de donación, evitando todo paternalismo y promoviendo el crecimiento y maduración de los jóvenes.

Vive con mucha libertad, porque es capaz de la autocrítica y del perdón. Prefiere trabajar en equipo. Tiene pasión por la verdad, lo que le permite reconocer en los jóvenes la misma capacidad de apasionarse por la verdad que él vive. Es capaz de proponer y esperar, porque sabe que acompaña un proceso que no es suyo, sino de los jóvenes. No se preocupa tanto por “hacer” cosas, sino por “ser” amigo y hermano y dar testimonio de una vida alegre y feliz, capaz de entusiasmar a los demás.

La maduración de la persona se va construyendo día a día en un proceso que nunca termina (Mt 5,48). Es consciente, por tanto, que también su proceso de maduración psicológica y de formación humana es constante y permanente. Acepta la compañía de los jóvenes y junto con ellos continúa su camino de realización personal.

Identidad espiritual.

El asesor es una persona de fe. Vive el seguimiento de Jesús en la opción que hace por los jóvenes, en quienes reconoce diariamente el rostro de Dios y la voz profética del Espíritu. Descubre la presencia de Jesús en medio de ellos (Mt 18,20), lo encuentra vivo y presente en los signos de la vida juvenil y lo sigue en el camino (Lc 24,13-35) que ofrece a los jóvenes para llevarlos a su realización y a su plenitud.

Cree en Dios y cree en los jóvenes. Sabe que la grandeza de su vocación está en la elección que Dios le ha hecho para confiarle la juventud, para hacerlo partícipe del amor con que él mismo ama a los jóvenes (SD 118) y para enviarlo a acompañarlos y estar presente en medio de ellos como signo de su amor.

Como cristiano, el asesor es una persona que ha clarificado ya su proyecto de vida, ha hecho su opción vocacional y lucha cada día por vivir con fidelidad los compromisos asumidos. Coherente con su opción, se esfuerza por integrar en su espiritualidad la fe y la vida y por encarnarse en la realidad y en las circunstancias y acontecimientos de la vida de los jóvenes. En su búsqueda de respuesta al proyecto de Dios para la juventud, se encuentra con el joven empobrecido, sufriente y marginado, al que hace objeto especial de su predilección (Mt 25,31-46).

Dedica su atención, su preocupación y su tiempo a aquellos en quienes Dios ha querido poner su mirada cariñosa. Sabe que antes de acompañar al grupo, como cristiano, él mismo es acompañado por Dios y que en realidad es él quien ha tomado la iniciativa de proponer la Civilización del Amor desde la fuerza y la debilidad de la misma juventud. Por eso no se atribuye honores ni éxitos exclusivos: la verdad de su misión lo hace humilde.

Identidad teológico-pastoral.

Hablar de ministerio es hablar de vocación. El asesor es, ante todo, un vocacionado, es decir, una persona llamada por Dios para cumplir una misión en la Iglesia. Como toda vocación, no es un llamado para sí mismo, sino para servicio de los demás. A través del obispo o del párroco que lo designan, el asesor es un enviado de la comunidad para anunciar y testimoniar el amor de Dios en medio de los jóvenes.

Por su propia naturaleza, la asesoría no es un ministerio protagónico, sino de apoyo: exige conocer, respetar, acompañar y promover los procesos de educación en la fe de los jóvenes. Es un servicio de amor que reconoce el valor del aporte juvenil en nombre de la Iglesia.

El asesor es una persona de Dios: una persona de oración y testimonio, que habla desde la profundidad y la experiencia de su vida y no desde la teoría y las cosas aprendidas. Va creciendo, viviendo, madurando con los jóvenes y haciéndose asesor desde dentro del proceso del mismo grupo.

Es una persona que conoce, ama y sirve a la Iglesia. Hace comunidad con los jóvenes y los ayuda a que sientan la Iglesia como una comunidad. Está en comunión con ella, es fiel a sus enseñanzas y reconoce tanto su realidad divina como sus limitaciones humanas. Se preocupa por conocer y seguir las líneas pastorales y las orientaciones de la Iglesia local en la que está trabajando, de la Pastoral Juvenil Nacional y Latinoamericana y especialmente, procura ser fiel a la propuesta de la Civilización del Amor como núcleo central del proyecto que la Iglesia propone a los jóvenes.

Se sabe enviado a todos los jóvenes. Esto lo lleva a superar los límites del pequeño grupo o de los jóvenes que están integrados en los grupos de la Pastoral Juvenil y dirigir su mirada y su atención a todos los jóvenes, especialmente a los más pobres y a quienes nunca han recibido el anuncio de Jesucristo liberador. Lo lleva, también, a no mirar a los jóvenes en su conjunto, sino en la diversidad de situaciones en que viven, sea por las actividades que realizan: campesinos, estudiantes, obreros, universitarios; sea por sus culturas propias: indígenas, afroamericanos; sea por las situaciones que condicionan sus vidas: migrantes, marginados, jóvenes en situaciones críticas...

Identidad pedagógica.

El asesor es un educador. Actúa de acuerdo a la pedagogía de Dios y siguiendo el modelo que utilizó Jesús con sus discípulos. Como Dios con su pueblo, el asesor hace alianza con los jóvenes, escucha sus clamores, camina con ellos, les da su vida y deja que vayan haciendo su camino con libertad. Tiene una propuesta educativa clara y concreta para los jóvenes, que no impone sino que propone y sabe cómo llevarla a la práctica y hacerla realidad.

Educa desde la vida y para la vida. Acompaña los procesos personales y grupales de los jóvenes integrando acción, reflexión, convivencia y oración en una propuesta de cambio que da nuevo sentido a sus vidas. Transmite datos y elementos culturales de interés para la juventud, para su crecimiento y para su protagonismo en el proceso liberador. Aporta principalmente el testimonio de su propia vida y de su compromiso por la transformación de la Iglesia y de la sociedad, en coherencia con el proyecto de Jesús y los signos de los tiempos.

Desarrolla una pedagogía experiencial, participativa y transformadora (SD 119) y una metodología que integra el ver-juzgar-actuar-revisar-celebrar (SD 119). Promueve un trabajo planificado e integrado en la pastoral de conjunto y las demás instancias de coordinación a todos los niveles. Vela por la memoria histórica de los procesos generales y específicos y ayuda a los jóvenes a formular sus proyectos de vida y a descubrir su lugar y sus desafíos en las situaciones que les tocan vivir.

Reconoce el protagonismo de los jóvenes pero expresa, a la vez, la conciencia de que se necesitan vínculos estrechos y eficaces con las comunidades cristianas y en general con el mundo adulto que condiciona a los jóvenes y al que, a su vez, están llamados para ofrecer su aporte vital y creativo.

Tiene claro que su acompañamiento no es pasividad y no-intervención. Sabe bien que la cuestión no es influir o no influir, sino cómo influir y en qué dirección influir. Por eso realiza intervenciones educativas para generar cambios en la vida de los jóvenes y las reafirma con su testimonio de actor social y no sólo de señalador o ideólogo que evade la responsabilidad y el conflicto.

Como educador, se ubica entre los jóvenes como amigo maduro y orientador. Ayuda a formular sus problemas, a objetivar sus intereses y a posibilitar la búsqueda de soluciones; colabora en la sistematización de sus vivencias y en su confrontación con las teorías elaboradas, impulsa la articulación de su unidad de organización y acción y promueve su inserción en el medio y su vinculación con la sociedad más amplia. Individualiza los liderazgos y desarrolla estrategias para la captación de nuevos agentes para servicio del proceso. Hace ver a los jóvenes que su modo de actuar contiene ya, de cierta forma, el resultado que se quiere alcanzar. Para asegurar la continuidad de los procesos iniciados, plantea la necesidad de definir un tiempo estable y prudencial para prestar su servicio.
Identidad social.

El asesor es una persona encarnada en su realidad social y con profundo sentido de pertenencia a ella. Conoce y asume las esperanzas y dolores de su gente y de su pueblo. Siente empatía con esa realidad y especialmente con la de los jóvenes y procura identificarse con la situación concreta de quienes tiene que acompañar. Es capaz de llorar con los que lloran, reír con los que ríen y sufrir con los que sufren.

Procura ser un actor social y no quedar pasivo ante los desafíos de la realidad. Se siente llamado a transformarla denunciando los signos de muerte, anunciando signos de vida y haciendo opciones concretas para que éstos se hagan realidad.

Respetuoso de la pluralidad de criterios e ideologías, está profundamente convencido de la fuerza de los jóvenes para la transformación de la sociedad y la construcción de la Civilización del Amor.

Tomado del libro:
Civilización del Amor, Tarea y Esperanza,
CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO. SECCIÓN DE JUVENTUD - SEJ. Orientaciones para una Pastoral Juvenil Latinoamericana.

TIPOLOGIA DEL ASESOR DE JUVENTUD

Bookmark and Share  Es bueno conocer algunas actitudes que un asesor de juventud debe evitar cómo no ser


o El ausente

Es aquel que está pero no está; se encuentra en la reunión de grupo, pero pensando en sus actividades siguientes o sólo Dios sabe en qué. Está hablando con un joven, pero no lo escucha realmente y hasta le dice cosas que no tienen nada que ver con lo que el joven le está presentando.

Ausente de mente, ausente de corazón, ausente porque no se involucra en lo que está, realmente no le importa.

o El asesor y el gabinete

Tiene sus tres o cuatro preferidos. A todos lados va con ellos, aparecen en todo, no promueve a los demás. Es muy común que un asesor se rodee de las personas que no lo cuestionan, lo hacen sentir bien, lo apapachan, le siguen la corriente en todo.

o El genio

Tiene ideas geniales, todas ya elaboradas, no deja participar en ellas, sino sólo en ejecutarlas. No admite correcciones. No valora las ideas de los otros.

o El siempre ocupado

Cita a dos o tres personas a la vez, consulta su reloj permanentemente mientras atiende a alguien o hace varias cosas a la vez, escucha a un joven, prepara un documento y contesta el teléfono. Tiene la agenda llena al tope y la muestra para hacer notar sus ocupaciones.

o El manotas

El asesor que todo lo hace no da oportunidad a los jóvenes de hacer porque él ya lo hizo, está en todas las actividades, en realidad ocupa el lugar de líder juvenil y produce en los jóvenes dependencia y pasividad.

o El inalcanzable

Una persona cerrada en sí misma, distante a las personas, no se involucra, no demuestra afecto por los jóvenes ni interés por sus vidas, no convive informalmente, es sólo relación de trabajo, es un operador.

o El mandarín

Autoritario, antidemocrático, él decide por el grupo y decide quien hace qué cosa.

o El bocón

Habla interminablemente, no sabe escuchar, siempre tiene cosas que contar a los demás. Generalmente este tipo de asesores buscan sentirse bien y lo hace acaparando la atención.

o El payaso

En el afán de ser juvenil y bien aceptado, de todo hace una broma y, cuando se le necesita para algo serio es imposible de responder con madurez.

o El correcaminos

Siempre está de prisa nunca está en junta completa porque ya lo esperan en muchas más. Sale corriendo aunque en realidad no tenga nada que hacer.

o El lunático

Nunca sabe qué está pasando ni en la comunidad ni mucho menos en el mundo. Mientras los jóvenes preparaban una marcha para manifestarse contra la Guerra de Irak, él creía que preparaban un carnaval por ser principio de año. Aquí también se podría ubicar al asesor que se le olvida este grupo, en qué proceso está y todo lo que les prometió en una junta anterior. O lleva el material que ofreció a un grupo a otro.

o El computadora

Totalmente programado, no admite quedarse cinco minutos más de lo establecido por el grupo, no se sienta a convivir porque siente perder el tiempo, se altera cuando el grupo cambió el programa a seguir

jueves, 1 de julio de 2010

Institutos de Pastoral Juvenil y Casas de la Juventud

Bookmark and Share  Como un medio por el cual se han ido construyendo a lo largo de los últimos años teorías a partir de la reflexión del trabajo pastoral con jóvenes, surgieron a principios de la década de los setenta, con base en el Documento de Medellín, algunos institutos de pastoral juvenil en distintos países de América Latina.


El primero de estos institutos fue el Instituto de Pastoral Juvenil en Bogotá (IPLAJ), el cual fue aprobado directamente por la presidencia del CELAM en el año 1970. Este instituto marcó pauta para todos aquellos centros de instrucción en pastoral juvenil que se irían creando poco a poco en América Latina. El objetivo principal del IPLAJ era “formar educadores para la educación asistemática en la fe, o en estructuras eclesiales, pero fuera de la formación dada en clases de religión” (Vela, 1998, 209). Para darle mayor consistencia a la idea de este instituto, la universidad Javeriana de Bogotá integró el curso a la oferta de materias de la facultad de educación. Es en este instituto donde por primera vez se intenta dar una formación para aquellas personas que trabajaran con jóvenes a nivel de Asesor o de orientador.

Entre las funciones específicas que realizaba el IPLAJ para lograr el adiestramiento de asesores de Pastoral Juvenil, hacía énfasis en la formación de los siguientes campos:

1. Asesores de grupos juveniles a todos los niveles: tanto eclesiales como extra eclesiales.

2. Orientadores personales a nivel de consejería o educación de la fe.

3. Trabajo a nivel de las estructuras en la Pastoral Juvenil.

El IPLAJ trabajó con algunas grandes líneas que marcaron la formación brindada por el Instituto, las cuales de una u otra forma han marcado el trabajo posterior de otros centros de adiestramiento para la Pastoral de Juventud.

Estas líneas fueron, tal y como las apunta Velez (1998):

1. Una opción decidida por los pobres y por los jóvenes.

2. La línea liberadora y evangelizadora de Medellín, especialmente marcada en los documentos sobre la opción por la justicia y la paz, la pastoral juvenil, la catequesis y la pastoral de conjunto.

3. Una educación para el cambio de estructuras pastorales y sociales inadecuadas.

4. Una pastoral que siguiese las etapas de la educación de la fe, haciendo énfasis en la evangelización y en la iniciación en la fe hasta la opción apostólica.

5. Un esfuerzo de integración personal y comunitaria, teniendo en cuenta los tiempos difíciles del post-concilio.

6. Una capacitación para la pastoral juvenil en los diferentes campos del diálogo pastoral, la dinámica de grupos, las comunidades de base, la evangelización , la catequesis y la pastoral vocacional.

Así, se fue creando un programa de formación de Asesores de grupos juveniles, con una duración de dos años, de manera tal que aquellos individuos que tuvieran una formación teológica filosófica, con estos dos años de estudios podían obtener el título de Licenciado en Educación con Especialización en Teología Pastoral.

El IPLAJ funcionó entre los años 70 y 78, cuando se cambió la forma del programa al Seminario de Planificación Pastoral ofrecido por la Casa de la Juventud de Bogotá.

El concepto de Casa de la Juventud es un poco distinto al de Instituto de Pastoral Juvenil. Mientras que el segundo pretende brindar formación teórico práctica a los agentes de pastoral juvenil, el primero es “el sitio desde donde se promueve y coordina una serie notable de actividades en servicio de la juventud” (CELAM, 1982, 157-158). Por lo tanto, la Casa de la Juventud está más encargada de la promoción de los mismos jóvenes, mientras que los institutos se centran en la formación para la investigación de la realidad juvenil.

Desde esa perspectiva, en el año 1978 se crea el Seminario de Planificación Pastoral, en la Casa de la Juventud de Bogotá. Se caracteriza por partir desde la realidad del pastoralista, aplicando la metodología ver, juzgar y actuar.

A partir de esa experiencia han surgido diversas ofertas a lo largo del continente como son los cursos del Instituto Superior de Pastoral Juvenil (ISPAJ) de Chile, o el proceso Profetas de Esperanza del Instituto Fe y Vida en Norteamérica, y otros más.

Es importante resaltar que en el año 1999, el Instituto de Pastoral Juvenil de Porto Alegre (Brasil), junto con la Universidad Unisinos, preparó un curso de especialización en juventud a nivel de postgrado, el cual está dirigido a toda clase de participantes. Y ya en este momento se encuentran ofreciendo el segundo curso a ser desarrollado en el primer semestre del año 2001.

Para poder tener una idea de las diferentes ofertas realizadas por los institutos y casas de la juventud de América Latina, se presenta en el cuadro 3 una comparación entre algunos de los cursos y seminarios ofrecidos para la formación de asesores, resaltando los objetivos, duración, temática y metodología empleados.


Sejuve en Honduras
se esta acompañando un proceso en la Santa Teresa de Jesús para reorganizar a la pastoral juvenil en dicha parroquia.


2. se esta brindando asesoria al equipo coordinador de la Pastoral Arquidiocesana, especificamente para la comunidad de asesores que existe en la diocesis.



en el ambito regional.

Sejuve esta preparando la realización de un encuentro de la red de institutos latinoamericanos de formación para agentes de pastoral juvenil, dicho encuentro se realizará el año que viene en El Salvador.




Tipos de Asesor

Bookmark and Share  La bibliografía clásica sobre el tema de la animación y la asesoría plantea principalmente cuatro tipos de actitudes que pueden presentarse en el asesor:


1. El autoritario: es el “dueño” del grupo, quien por sí solo va dirigiendo todo lo que sucede a su alrededor. Puede hacerlo de manera explícita o mediante la manipulación sutil. Él se considera el dueño de la verdad y por lo tanto el único capaz de dirigir al grupo. Podría definirse también como el “jefe” del grupo.

2. El paternalista: lucha por complacer en todo a los miembros del grupo, no es claro en sus posiciones y entreteje una serie de relaciones que aparentan una paz en medio de un conflicto subyacente. Normalmente el paternalista no lo hace conscientemente, sino que surge por la necesidad de ser querido que tiene el asesor. Por lo tanto, parece ser una persona afectivamente inmadura, escondiéndose detrás del prestigio y experiencia frente al grupo, por lo que su palabra pasa a ser la última.

3. El permisivo: este asesor deja hacer al grupo lo que quiera, sin ponerle autoridad ni entusiasmo a su servicio. Así, surgen pugnas internas de liderazgo y camina el grupo acéfalo. En ocasiones este tipo de asesoría surge por la falta de interés y otras veces es resultado de la inseguridad del asesor.

4. El democrático: se preocupa por el grupo, da participación y favorece las relaciones entre los miembros. Se entusiasma con los éxitos y anima en los fracasos. Es prudente y dice la palabra precisa, dejando que los jóvenes asuman iniciativas.



Boran (1995) plantea otra distinción de los asesores, ya no en cuanto a las posibles actitudes que pueda asumir como en cuanto a la función que desarrolla en el grupo. A continuación se presentan:

1. Asesor Perito: Es un asesor ocasional, experto en algún tema específico, que acude al grupo como un invitado para compartir sus conocimientos. No está este asesor en la vida diaria del grupo, sin embargo su presencia es muy valiosa puesto que ayuda en la formación de los jóvenes del grupo.

2. Asesores permanentes: son las personas que se dedican a acompañar al grupo en la vida cotidiana, asisten a las reuniones y demás actividades que desarrolla el grupo. Pueden ser sacerdotes, religiosos, seminaristas o laicos.

a. El Asesor Sacerdote: Posee una gran formación teológica y sirve de intermediario entre los jóvenes y el resto del clero, pero mayoritariamente este tipo de asesores tiene la limitación del tiempo y no le dan prioridad al trabajo de la pastoral juvenil.

b. El Asesor Religioso: Goza de la ventaja de poseer nivel teológico y pedagógico, pero al igual que al sacerdote le falta tiempo para compartir con los jóvenes.

c. El Asesor Seminarista: Son en su mayoría jóvenes que comienzan a trabajar como asesores sin preparación ni acompañamiento. A veces se ve su trabajo como una práctica pastoral, por lo que en muchas ocasiones es una experiencia superficial.

3. Asesor laico adulto: Se afirma con Boran que el grupo de jóvenes no puede sobrevivir sin la presencia de un adulto. Esta asesoría ha ido surgiendo cada vez con más fuerza, y tiene la ventaja de la experiencia de la vida profesional y, en ocasiones, estados de vida ya tomados. Surgen normalmente de grupos juveniles, por lo que su escuela muchas veces ha sido la propia vida.

4. El Asesor Joven: Así es llamado el joven que, habiendo transitado ya el proceso del grupo juvenil, comparte con aquellos jóvenes que comienzan su proceso. Tiene la ventaja de estar más próximo a los participantes del grupo debido a la cercanía de edad, lo que ayuda a crear un puente entre ellos y el asesor adulto. No es en ningún caso sustituto del asesor adulto (sacerdote, religioso(a) o laico), sino que los dos se complementan en su labor.

“El Asesor de Pastoral Juvenil” (IPJV, Caracas, 2007)


Perfil del Asesor

Bookmark and Share  El asesor de Pastoral Juvenil es una persona que se convierte en modelo para los jóvenes, en quien ellos ven un ejemplo de ser cristiano, a pesar de las fallas que pueda presentar en su vida.


Al hablar de ser ejemplo, la referencia es en cuanto a la intensidad de la vida cristiana del asesor. Por eso, es importante resaltar en estas páginas, la presencia de asesores que pueden vivir su fe desde las distintas opciones de vida que presenta la Iglesia: sacerdocio, vida consagrada, matrimonio, soltería... De hecho, favorece a la vida del joven que conozca distintos asesores cuya vivencia del mensaje del Evangelio sea radical, potenciando el estado de vida que ha elegido.

Lo ideal es que el asesor posea una experiencia vivencial del proceso de educación en la fe, y se encuentre en la etapa de la militancia (CELAM, 1993), por lo tanto ya habrá descubierto las etapas que ha recorrido y podrá comprender el proceso por el cual pasan los jóvenes. En ocasiones, algunos asesores no han madurado su fe dentro de los grupos juveniles, por lo que es importante que se detengan con mayor cuidado a estudiar los procesos de educación en la fe y cómo se ha realizado ese proceso en él mismo.

Por lo delicada que es la tarea de la asesoría en pastoral juvenil, es significativo tener una referencia, tanto teórica como práctica, del bagaje que debe luchar por conseguir quien ha sentido el llamado para ejercer este ministerio. También es importante dedicar un espacio en estas páginas a presentar el perfil del asesor, ya que será la base para la formación de jóvenes y adultos destinados a esta labor.

La Formación de Grupos Juveniles: Tarea del Asesor

Bookmark and Share  Los diferentes documentos eclesiales que hablan sobre el tema de la pastoral juvenil afirman que los jóvenes son los primeros evangelizadores de otros jóvenes. Esto se ha comprobado en los últimos treinta años. Sin embargo, se crea el problema que han presentado algunos de los participantes del grupo, sobre la formación de los grupos juveniles. En ocasiones llega un joven con muy buenas intenciones, a lo mejor con buena preparación para ejercer el rol de animador o hasta asesor joven, pero con todas las características (en su gran cantidad de aspectos positivos y negativos) de la juventud actual, que incluyen el inmediatismo y la inconstancia.


La experiencia repetida en muchas partes es que en las ciudades como Caracas, a grandes esfuerzos de convocatorias se ven pocos resultados. Los jóvenes que quedan encargados de la formación de los grupos juveniles se desaniman ante los resultados y abandonan la tarea.

La conclusión a la que el grupo llegó en la discusión, así como en la elaboración de sus proyectos, fue que en la formación de los grupos juveniles debe estar presente un asesor adulto, con las propuestas a presentar a los jóvenes elaboradas entre él, el asesor joven y el animador del grupo si es el caso. El adulto ayudará a buscar nuevas alternativas, animará desde la fe en los momentos iniciales de dificultad y es a la vez una garantía de presencia responsable en el grupo. Un grupo juvenil no es sólo cosa de muchachos, sino una responsabilidad de toda la Iglesia que desea responder a la necesidad de los jóvenes. Por eso, el “viejito” (como muchas veces llaman los jóvenes al asesor adulto) es responsable directo de la formación del grupo.



Formación de Asesores

Bookmark and Share  Al tratar el tema de la formación de los asesores de pastoral juvenil se constata la afirmación de Boran (1995) sobre la escasa bibliografía existente relacionada al tema.


Los autores coinciden de una u otra forma en que la mejor formación para un asesor es haber vivido el proceso de formación dentro de un grupo juvenil. Pero esta no es la única vía de formación. También se proponen cursos, talleres, seminarios y grupos de asesores.

La visión que tenía el asesor anteriormente, cuando era un joven dentro del grupo juvenil, es diferente a la que posee al ser llamado para asesorar al grupo. Habrá aprendido con los modelos que tuvo en su proceso tanto las cualidades como los vicios que presentaron sus asesores. Por otra parte, es con un proceso de ensayo y error al encontrarse por primera vez con el grupo como comienza a ajustarse y a adquirir experiencia; aunque ese tipo de experiencia puede salir cara cuando, muy a pesar de las buenas intenciones, el asesor es sobrepasado por situaciones que se presenten en el grupo.

Las asambleas y grupos de asesores también son un buen lugar para la formación de los asesores. Allí se comparte con otros que tienen mayor experiencia, inquietudes similares e incluso respuestas a interrogantes que han surgido en él. En estas asambleas y reuniones se preparan temas acordados con anterioridad, y mediante la discusión surgen conclusiones e iluminaciones que compaginan la teoría con la práctica.

Por otra parte están los cursos ofrecidos en distintos niveles. Para el mayor provecho de estas instancias, el asesor debe ir con una experiencia previa, ya que normalmente son cursos que parten de la vida para anclar allí la teoría. Como lo dice Boran (1995, 195): “Una de las claves del éxito de los cursos es la presencia de gente capacitada para entender la dinámica y llevar adelante el proceso, sin la dependencia de los expositores. Sin la presencia de esas personas, el curso puede desperdiciar energías y recursos”.

La propuesta formativa por excelencia dentro de cualquier nivel de la pastoral juvenil es la metodología ver, juzgar y actuar, añadiendo evaluar, celebrar y en algún caso, como sucede con el Equipo Editorial de Profetas de Esperanza (1997), ser.

En la figura 1 se representa el círculo pastoral, en el cual se muestra un modelo de este esquema de formación cíclica.

Esta metodología iniciada a mediados del siglo XX por el Cardenal Cardijn para la juventud obrera de Bélgica, se plantea como una metodología “para la acción transformadora de los cristianos” (CELAM, 1995, 296). Ha sido asumida por los obispos latinoamericanos en la elaboración de los documentos de Medellín, Puebla y Santo Domingo, donde es propuesta como un método pastoral por excelencia.



El Asesor: Peregrino en Continua Conversión.

Bookmark and Share  El seguimiento de Jesús sólo se puede realizar desde la realidad de cada quien. Así lo entiende el asesor, por lo que aún comprendiendo su debilidad es capaz de levantarse y continuar el camino. De hecho, el que descubre el sentido de la conversión en su vida, entiende su debilidad y la del otro, por lo que con corazón misericordioso tiende la mano al compañero caído en un gesto de solidaridad de pecadores que desean cambiar sus vidas.


Al hablar de conversión se corre el riesgo de dejarla como algo abstracto, o una serie de acciones externas que se realizan. La verdadera conversión va más allá. Tiene un momento clave que inicia el proceso de cambio desde lo más íntimo del ser. Alaiz (1993, 72) explica claramente en qué consiste la conversión:

“La conversión radical es enamorarse, comprometerse de por vida, llegar a no entender la vida sin el otro. La conversión continua es hacer realidad, en la cotidianidad, en la convivencia ese compromiso matrimonial, hacer veraz ese amor en todos los niveles y estratos de la persona y en todas las circunstancias de la vida. La conversión continua es la fidelidad a un proceso de amor que se desencadenó con una experiencia decisiva, bien sea de fogonazo (en apariencia al menos), bien sea de un lento amanecer. Es ir concretando en la opción de cada día, en los conflictos de valores, la opción fundamental que se hizo previamente. Es el esfuerzo por hacer que esa decisión tomada desde la conciencia vaya empapando todos los estratos de la personalidad, hasta que se convierta en una pasión que hace vibrar todo el ser.”



Como es observa, la conversión viene a realizarse paulatinamente desde ese momento en el cual se constata la necesidad de cambiar y volver a la opción primera. Así, en un proceso de formación de asesores se debe verificar y/o favorecer que el participante redescubra los valores cristianos y vuelva la mirada hacia ellos.

Para propiciar este proceso, existen una serie de recursos presentados por Pulido, Pérez Godoy y Martín (1991) que han sido agrupados en tres puntos:

Recursos personales: la conversión opera de modo distinto en cada persona, sin embargo, existe un denominador común que es la tensión interior entre la gracia y el pecado desde su historia concreta. Para acompañar adecuadamente a los asesores en su formación, se debe partir de la conciencia de pecado y de la paz brindada por la misericordia de Dios.

Relaciones con los demás: al confrontarse el individuo con los demás en sus relaciones personales, se descubren virtudes, defectos y actitudes que colaboran o dañan la comunidad. La conversión se realiza en comunión con otros, haciendo de ella un proceso comunitario.

Acontecimientos: ver los acontecimientos de la vida diaria con la mirada de la conversión, lleva a un cuestionamiento continuo de la persona como creyente y la coherencia con que expresa su fe en la vida.



El Asesor: Ser Festivo y Celebrativo.

Bookmark and Share  En medio de una juventud que muchas veces se encuentra sumergida en lamentos o celebrando sin sentido, en el vacío, se hace necesaria la figura del asesor que, con su testimonio y palabras, llene de optimismo y sentido al joven.


No se habla aquí de un optimismo idealista, se plantea la presencia de esa persona que sea capaz de descubrir aspectos positivos del muchacho, reconociéndole las capacidades que posee y animándole a desarrollarlas.

Para eso es necesario vivir con los ojos bien abiertos, para apreciar, aceptar, afectar y atender al joven (Esteban, Rodríguez y Garralón, 1995). Así se logrará descubrir la fiesta que es el otro, con una alegría que es sincera y sale del fondo del corazón. También es labor del asesor asumir la realidad lúdica de la juventud, aceptando sus símbolos y gestos, dándoles un sentido transformador y educando en las fiestas litúrgicas.

En medio de la desesperanza y la tristeza, del sin sentido de la vida, los jóvenes están hambrientos de testigos que sean profetas de la esperanza (Equipo Editorial de Profetas de Esperanza, 1997). Por eso, es característico del asesor de pastoral juvenil una actitud de regocijo al poder compartir con los jóvenes.

Al descubrir los valores de la vida propia y la de los demás, el asesor hallará allí verdaderas razones para celebrar, llevando al grupo a encontrarse con la gratuidad de la presencia de Dios. Esta expresión parte desde la simbología cotidiana del joven, apropiándose de signos que en muchas ocasiones se encuentran vacíos, y los llena de un nuevo contenido que les da un sentido vital. (Barzosa, Martín y Álvarez, 1992). Se trata de descubrir las huellas de Dios, que cada día da nuevos motivos para celebrar.

Así, al compartir las fiestas, lo lúdico, las diversas celebraciones, el asesor mostrará el balance adecuado entre profundidad y alegría, tristeza y felicidad, exigencia y reconocimiento de metas logradas.

El Asesor: Persona Espiritual

Bookmark and Share  No es éste el lugar para hacer un tratado de espiritualidad, sin embargo, es necesario hacer una breve referencia al término puesto que esta característica es esencial para el perfil del asesor de pastoral juvenil.


Al hablar de espiritualidad se encuentra la dificultad de la cantidad de conceptos de la misma que se posee actualmente. Seguramente, al escuchar el término, el primer pensamiento que surge es “la idea de un jardín inútil o de un peligroso refinamiento aristocrático”, como escribe S. de Fiore (1991, 618), y la imagen que se forma es la del ermitaño o el monje dedicado a la oración contemplativa, o aquél que siempre está en las nubes.

La espiritualidad de la que se prefiere hablar hoy en día, y sobre todo en América Latina, es una espiritualidad encarnada en la realidad. Por esto, el asesor necesita desarrollar la habilidad para dar sentido a la vida del joven, y a la propia vida, desde una mística de ojos abiertos (Quinzá, 2000) que facilite ver el rastro de Dios por el mundo.

Pero aún sigue en pie el interrogante sobre qué es la espiritualidad. Para responder se acudirá a la definición brindada por Segundo Galilea (1982, 16):

podemos identificar la espiritualidad cristiana como el proceso de seguimiento de Cristo, bajo el impulso del Espíritu y bajo la guía de la Iglesia. Este proceso es pascual: lleva progresivamente a la identificación con Jesucristo, que en el cristiano se da en forma de muerte al pecado y al egoísmo para vivir para Dios y los demás.



Un símil que ayuda a comprender qué es la espiritualidad se encuentra en la siguiente frase: “La espiritualidad no es una ciencia o una praxis más en la Iglesia. Es la «savia» de la pastoral, de la teología y de la comunidad cualquiera sea su «modelo»” (Galilea, 1982, 16). En otras palabras, la espiritualidad es la base de toda la vida cristiana, es el por qué el cristiano hace las cosas. Así surgen algunos elementos que deben contenerse en la espiritualidad, como lo son la renovación continua, la mística, la práctica, la actitud de vida, el ejercicio de la fe.

Esto remite a voltear la mirada hacia la experiencia espiritual cristiana. El ser humano posee un vacío interior que continuamente le hace buscar lo trascendente. Para el cristiano, esa búsqueda encuentra eco en la fe y las convicciones religiosas que han fundamentado una serie de valores para enfrentar con confianza en Dios los momentos decisivos de la vida.

El asesor comprende que en sí mismo se va conformando la espiritualidad mediante una evolución progresiva en el proceso de la fe, la cual debe presentar un camino para la santidad personal y comunitaria (Buvinic, 1994). Desde allí, se sabe una persona espiritual que ha tomado “en serio la vida y lucha por ella” (Castillo, 2000, 14), ocupándose de aquellos que necesitan de su apoyo para lograr la vida en abundancia.

El Asesor: Persona Comunitaria

Bookmark and Share  Al entenderse el asesor como una persona que se encuentra en continua formación, se descubre necesitado de compartir sus experiencias y nutrirse de la vida de quienes, como él, se encuentran involucrados en la aventura de asesorar a los jóvenes. Una de las formas de solucionar este reto es la creación de coordinaciones de asesores. Son grupos que se reúnen tanto para compartir sus experiencias pastorales, realizando una reflexión teórica que parte de la práctica, como para planificar actividades en conjunto.


En Venezuela existe la experiencia única por ahora en América Latina de la Coordinación de Movimientos Juveniles, la cual surgió en el año 1998 motivada por el Departamento de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal Venezolana. Este grupo de asesores se reúne una vez al mes para compartir el estudio de un tema previamente seleccionado y facilitado por alguno de los asistentes. Así, los asesores están llamados a formar una comunidad eclesial entre ellos, en la cual se vea el compartir de los distintos carismas.

Pero no es únicamente a ese nivel que debe ser comunitario el asesor. También es el primero en apoyar las iniciativas que ayuden a hacer del grupo una pequeña comunidad en la cual los jóvenes compartan su vida y su fe.

La vivencia de este espíritu comunitario se nutre de su experiencia diaria en la comunidad primaria en la cual viva, sea familia, comunidad religiosa u otro estilo.

El Asesor: Líder Cristiano.

Bookmark and Share  Un buen asesor debe ser capaz de motivar a los jóvenes a la acción. Al reconocer el protagonismo de los jóvenes en la pastoral juvenil, se comprende la tarea del asesor como aquél que está liderando la acción desde el silencio y el servicio.


El asesor se confronta con la persona de Jesús y el liderazgo que este último ejerció y se muestra en los Evangelios. Es vivir una nueva manera de ser líder, diferenciándose del jefe o el administrador a quienes le interesa mandar y hacer cosas.

El asesor busca una nueva manera de vivir su liderazgo, centrándose en el grupo más que en sí mismo. Está en una continua búsqueda de las causas, antes de llegar al cómo, para lograr soluciones eficaces a la situación (Cornejo, 1995). En su afán por el caminar del grupo, involucra a cada miembro para que juntos sean responsables de lo que sucede.

Como buen líder, el asesor será también un catalizador para la solución de los conflictos y creará comunión entre los miembros del grupo. Escucha, observa, analiza la situación y propicia un clima para el diálogo abierto y sincero. Orienta para la acción y busca la realización de cada joven. Evalúa y celebra tanto los logros como los fracasos, preocupándose mucho más por el proceso que por los resultados obtenidos.

En el cuadro 2 se encuentra una comparación entre el liderazgo tradicional con el liderazgo orientado hacia el grupo (D´Souza, 1996, 37), en el cual se presentan los aspectos que deben ser cuidados por el asesor para que realmente su liderazgo sea significativo para los jóvenes.

El liderazgo del asesor nunca debe ser impuesto a los jóvenes, ya que sería rechazado inmediatamente, será un espacio ganado desde actitudes sinceras, dejando de ser jefe para pasar a ser siervo. De esta forma la autoridad ganada por el asesor tendrá una base sólida en el compromiso y testimonio que dé al grupo.

El Asesor: Educador en la Fe.

Bookmark and Share  Ser asesor del grupo no es una tarea de unas cuantas horas a la semana, sino que es una actitud frente a la vida y los jóvenes. No se es asesor nada más de aquellos que pertenecen al grupo juvenil con el que se tiene contacto, sino de todos los jóvenes que se encuentran por el camino.


Así, la vocación del asesor de pastoral juvenil es también una vocación a ser educador en la fe. Este educador se preocupa por el proceso formativo que sigue cada uno de los jóvenes. Por lo tanto, es una persona que se ha preparado profesionalmente para realizar su tarea, buscando siempre nuevos métodos para lograr su misión.

Es un educador cercano, que con el contacto diario entusiasma y forma, a la vez que se deja formar por el grupo. Su modelo a seguir es el Maestro, Jesucristo, cuya pedagogía estudia y aplica.

Un asesor que no eduque en la fe será como una gran campana que no puede producir sonidos. El asesor es más que una figura decorativa o autoritaria dentro del grupo, es aquél que se preocupa por la construcción de propuestas formativas en el grupo, por orientar los procesos y señalar el camino que se ha recorrido.

No es un profesor que dicta clases magistrales, es un maestro que siempre tiene la palabra en la boca para aprender de los hechos de la vida diaria. El asesor de pastoral juvenil se preocupa por conocer bien a los jóvenes de su grupo y favorecer una comunicación cercana que toque todo el ser, tanto de los jóvenes como de sí mismo, llegando a niveles de afecto que ayudan a hacer efectiva la experiencia de encuentro.

Sánchez, Vicente, Segovia y Alonso (1991, 97) han propuesto algunos rasgos deseables en el educador:

Equilibrio personal y conocimiento profundo de sí.

Transparencia y autenticidad.

Seguridad en sí mismo. Firmeza. Personalidad no dependiente.

Optimismo, alta resistencia al desánimo y a la frustración. Paciencia histórica.

Creatividad y flexibilidad, capacidad de adaptación.

Conciencia del papel educativo que va a desempeñar.

Honestidad personal.

Disponibilidad para trabajar en equipo.

Intuición, tacto y discreción.

Capacidad de análisis y objetividad.

Como se ve, es un gran reto formar asesores que muestren estas cualidades, sobre todo cuando se habla de procesos no formales de educación en la fe, en los cuales la creatividad juega un papel muy importante, así como la fidelidad a los contenidos doctrinales presentados por la Iglesia.

El Asesor: Persona en Camino a la Madurez

Bookmark and Share  El ser humano se entiende a sí mismo como un misterio creado que se encuentra en proceso de construcción (Moral, 1999). Este es un principio básico de la antropología teológica, en la cual se plantea la individualidad y unicidad del ser, llamado por el Trascendente a realizarse en todo su ser.


El asesor es una persona que ha recorrido algún camino en su vida; esa es la única manera como realiza su función, puesto que nadie puede acompañar ni guiar sin experiencias que avalen su asesoría. Él se sabe inacabado, convive en paz con sus defectos y sus virtudes, se acepta como persona, ha superado una serie de conflictos internos colocando cada cosa en su lugar.

En eso consiste la madurez, es el equilibrio que se va alcanzando en el interior de la persona, basando la vida en valores profundos aceptados de manera consciente por el individuo. En otras palabras, la madurez es estabilizar las dimensiones humanas del cuerpo, razón y afecto orientándolas hacia la verdadera libertad que mueve a la persona a construir un proyecto de vida factible de realizar.

Otra característica de la persona madura, y que es indispensable para el asesor, es la capacidad de autodonación. El asesor no se entiende como una fuente de sabiduría, mas sí como un ser que se encuentra en relación y se dona al joven, de manera tal que ambos crezcan en cuanto a su personalidad.

La madurez también lleva a colocar a los demás en un lugar privilegiado, dejando la instrumentalización de los otros como medio para ubicarlos con un valor absoluto, un fin en sí mismos (Gervilla, 1991). Por lo tanto, para el asesor el joven vale no por lo que hace, tiene o sus cualidades y condiciones, sino que es estimado por ser persona creada por Dios.

El asumir responsabilidades con seriedad es un buen indicador de la madurez. Por ello, el asesor se compromete con su tarea libremente, como fruto de una

El Asesor: Ayuda para discernir.

Bookmark and Share La juventud es la etapa más importante en la vida de la persona porque precisamente allí se toman decisiones trascendentales para su ser. Es el momento en el cual el joven elige opciones que marcarán el resto de su vida: qué carrera estudiar, el hombre o la mujer que será su esposo o esposa, estilos de vida que se asumen...


La preocupación del asesor de pastoral juvenil y el conocimiento que tiene de cada uno de los jóvenes en particular, le llevan a colaborar con los muchachos en su búsqueda existencial. Gracias a la objetividad alcanzada por este adulto en su proceso de maduración personal, posee elementos que permiten situar al joven frente al mundo en el que vive, con una visión crítica sobre la historia que construye cada miembro del grupo.

La metodología más común que utilizan los asesores de pastoral juvenil para ayudar en el discernimiento es la confección del proyecto de vida personal. Ellos saben que no deben decidir por los jóvenes, sino brindarles las herramientas adecuadas para construir sus vidas desde los dones, carismas y dificultades que han recibido en la propia vida; es develar la presencia de Dios en la historia de cada miembro del grupo. Como ya el asesor ha realizado su proyecto de vida, invita a los jóvenes a plantearse objetivos, metas y actividades concretas que les ayuden a descubrir su verdadera vocación y a crecer como personas y como cristianos.

El Asesor: Amigo que Acompaña.

Bookmark and Share El joven necesita algunas referencias por parte de los adultos que le ayuden en su crecimiento. No es ser simplemente el adulto que está allí vigilando el comportamiento de los jóvenes; es ser una persona que se ha ganado el respeto y la confianza de los jóvenes por su cercanía y claridad, por su espontaneidad y apertura a los demás, por su exigencia y fidelidad al otro.


Este asesor comienza a compartir con los jóvenes las intimidades de ellos, cosas que con mucha dificultad podrían expresar a sus amigos, pero que con naturalidad las tratan con su asesor.

Esta característica también exige un equilibrio, comprendiendo que se es amigo del joven a un nivel distinto del existente entre ellos mismos. El respeto por esa camaradería que poseen los jóvenes entre sí, y comprender que será otro tipo de relación con el asesor, ayuda a que el joven le tenga confianza y comprenda la posición del asesor frente al grupo

Definición de Asesores

Bookmark and Share  De las distintas discusiones y entrevistas realizadas, se descubre desde la praxis algunas dimensiones no contempladas en la definición básica de Asesoría presentada por la bibliografía (CELAM, 1995, 275). En la siguiente definición se presenta en negrillas aquellos aportes significativos a la bibliografía.

Se define Asesor como un cristiano joven o adulto llamado por Dios para ejercer el ministerio de acompañar, en nombre de la Iglesia, los procesos de educación en la fe de los jóvenes, asumiendo la tarea de verificar la presencia de los valores del Reino de Dios en la totalidad de la vida del joven.

Se agrega la palabra joven para extender la definición a los asesores jóvenes. Cada vez más, en el proceso del curso se veía la importancia de ser testigos de la fe para el joven, pero se descubrió que mucho más importante es ser portador de la buena noticia de Dios para el mismo joven. En ocasiones se tiene éste último como un aspecto tácito, pero es precisamente el que marca la diferencia entre una pedagogía inductiva y otra deductiva. Ciertamente la propuesta del los procesos de educación en la fe presentan como base descubrimiento de la presencia de Dios en la vida del joven, pero una cosa es descubrirlo y otra es verificar la presencia de los valores del Reino en todas las circunstancias de la vida del joven. Esto es más que acompañar, es vivir con el joven esos valores, es que el asesor tenga la humildad de ser discípulo con el joven, compartiendo también con él sus cansancios y alegrías, formando una comunidad de cristianos que buscan vivir al estilo de Jesús.

Asesoramiento y Acompañamiento.

Bookmark and Share  Desde el contraste de las diversas experiencias, y como resultado de las discusiones y aportes de todos los involucrados, se concluyó que el Asesoramiento no es lo mismo que el Acompañamiento. Si bien el último forma parte del primero, no obstante el Asesoramiento es solamente Acompañamiento.


Se define Acompañamiento como el proceso mediante el cual se camina junto al joven en su proceso de crecimiento en la fe. Esta tarea, a pesar de ser parte de la labor del Asesor, también puede ser realizada por un agente externo al grupo juvenil, y es la labor esencial de un director espiritual o del encargado de hacer seguimiento al proyecto de vida del joven.

Asumiendo la definición del CELAM (1995, 275) sobre asesor de pastoral juvenil y realizando el aporte específico de los presentes autores, se define Asesoría como el ministerio encargado por la Iglesia de acompañar los procesos de educación en la fe de los jóvenes, de manera tal que la vida del grupo juvenil sea un claro anuncio de los valores del Reino de Dios.

Comparando las dos definiciones se observa que, en cuanto al seguimiento de los procesos de la fe, el Acompañamiento realiza su tarea de forma individual, con cada caso, mientras que la Asesoría se mueve entre lo individual y lo grupal. Por otra parte, la Asesoría tiene una finalidad bien concreta, que es asegurar la presencia de los valores del Reino de Dios en medio del grupo juvenil.

Área de Espiritualidad del asesor de Juventud

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El asesor de pastoral juvenil debe ser un verdadero maestro de espiritualidad para los jóvenes. Pero para ello, primeramente, él mismo debe vivir con convicción profunda una espiritualidad renovada, que tome en cuenta la realidad actual, que sea fuente de comunión y participación en el misterio de la trinidad, del cual somos todos partícipes desde nuestro bautismo.  

La mayor tarea del asesor de pastoral juvenil es esta: invitar a los jóvenes a un encuentro de conversión con el Padre, por medio del conocimiento de Hijo, en la gracia dada a través del Espíritu Santo.

Por eso, el asesor debe ser un hombre o una mujer de oración, que de respuestas a problemas concretos desde los valores evangélicos, que sirva de referencia para el joven. En otras palabras, sin importar su “estado clerical”, será un verdadero padre o madre espiritual para todos los jóvenes a quienes estará acompañando.

Aquí el problema que se consigue es el acompañamiento a los asesores en este camino de concientización sobre su labor como maestros espirituales. Sobre todo la dificultad se encuentra más pronunciada en los asesores más jóvenes, debido en muchas ocasiones a las mismas dificultades vocacionales, propias de su edad, en las que se encuentran sumergidos.