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viernes, 25 de noviembre de 2011

MENSAJE DE LA ASAMBLEA ORDINARIA DE LOS OBISPOS DE CENTRO AMÉRICA SÍNTESIS ESQUEMÁTICA


A nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas, agentes de pastoral, pueblo católico, hermanos en la fe cristiana, a todos los centroamericanos, hombres y mujeres de buena voluntad:

Introducción

1.  Una reunión de Pastores llamados a vivir el amor a Jesucristo y su Iglesia  en la oración y donación de sí mismos al pueblo de Dios que presiden en la caridad.

2. Nuestra Asamblea: una rica experiencia de comunión y de fraternidad y un impulso a renovar con alegría nuestro ministerio como «pastores y guías espirituales de las comunidades.
En espíritu de oración y reflexión “ hemos compartido el camino de la Iglesia en los diferentes países y hemos discernido la voluntad de Dios frente a los retos de la realidad.”
Y en este espíritu…” deseamos dirigirles, a la luz de tres parábolas del evangelio, un mensaje de fe y de esperanza que, aun en medio de las oscuridades e incertidumbres de la historia, contribuya a reconocer la presencia del Reino de Dios en nuestros pueblos.

«Dejen que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta la cosecha» (Mt 13,30)

3. Jesús nos enseña que el Reino de Dios se abre paso en la historia en medio de la malicia y del pecado humano. Así, Jesús nos ayuda a ver la realidad:
--  con objetividad y esperanza
-- reconociendo las luces y sombras de la historia
-- confiando en la victoria final del proyecto de Dios (cf. Mt 13,24-30).

4. Signos del Reino de Dios en nuestro pueblo: el amor a la vida.
®     Arraigado en sus corazones como un distintivo cultural
®     Pero vivido en medio de la maleza de una alarmante violencia que reviste diversas formas y tiene diversos agentes: el crimen organizado y el narcotráfico, violencia común y creciente violencia intrafamiliar.
®     Ante esto el Estado debe implementar soluciones sociales y económicas contra estos flagelos.
®     Pero además, los cristianos debemos empeñarnos en el seguimiento de Cristo Redentor, a través de la oración por la paz y el compromiso por la vida y la justicia, sabiendo que «la radicalidad de la violencia sólo se resuelve con la radicalidad del amor redentor» (Aparecida, 543).



5. En medio de nuestros pueblos amantes de la verdad y la honestidad, y que han luchado siempre por la igualdad y la libertad…persisten todavía situaciones y estructuras adversas:
-- la exclusión social de inmensas mayorías pobres
-- la corrupción en la sociedad y en el Estado
-- el irrespeto a las leyes y a las instituciones democráticas
-- y la violación a los derechos humanos.
Todo ello rompe la armonía social, contribuye al crecimiento de la pobreza de gran parte de nuestra población y provoca la dolorosa migración forzada de muchos.
Otro signo del reino de Dios en nuestro pueblo: el aprecio por el valor de la familia todavía existente en nuestra sociedad,  amenazada por ideologías, leyes y situaciones de inseguridad económica.
Sabiendo que es el mismo Señor quien permite que crezcan juntos su trigo bueno y la maleza del mal … no permitamos que se oscurezca o debilite nuestro compromiso cristiano por vivir y anunciar los valores del Evangelio.

«El Reino es como un grano de mostaza, la más pequeña de todas las semillas» (Mc 4,31)

6. Jesús nos enseña que el Reino de Dios no llega necesariamente a través de acciones o gestos grandiosos, sino discretamente por medio de realizaciones humanas, inicialmente sencillas o limitadas.
Con estos pequeños gestos Él espera comprometernos generosamente en la construcción de su reino, descubriendo el valor decisivo del momento presente por insignificante que parezca (cf. Mc 4,30-32).

7. Algunos signos de vida eclesial:
®     La profunda «espiritualidad» de nuestro pueblo, que se aferra al amor de Dios y no pierde la esperanza aún viviendo situaciones dramáticas de dificultad y de dolor
®     La entrega generosa de tantos sacerdotes, religiosos (as) y laicos (as), que dan testimonio de Cristo y sirven a la Iglesia aun en medio de no pocas limitaciones y sacrificios
®     El camino de renovación de muchas de nuestras parroquias, que se abre paso a pesar de ciertas resistencias personales y estructurales.
®     La fe entusiasta de muchos jóvenes, «amigos y discípulos de Cristo» (Aparecida, 443), fermento de renovación de nuestra sociedad a la luz el Evangelio. La Iglesia desea ser cercana a los jóvenes, animando sus más nobles ideales, acompañándoles en su vida espiritual y colaborando en la formación de su conciencia social y política a la luz de los valores del Reino de Dios.




«Una vez salió un sembrador a sembrar» (Mc 4,3)

8. Es un anuncio esperanzador del Reino en labios  de Jesús: no la desesperanza de quienes no ven resultados inmediatos ¡Hay que proclamar siempre la Palabra con confianza en su eficacia transformadora, sin desanimarnos! por los aparentes fracasos y los corazones duros que no la reciben (cf. Mc 4,1-9).

9. Jesús sigue sembrando la semilla del Evangelio a través de la misión evangelizadora de la Iglesia, que comunica su vida a todas las personas, anunciando la Palabra, celebrando los Sacramentos y predicando la caridad» (Aparecida, 386). Es nuestro mayor deseo como Obispos de Centro América que nuestra Iglesia no cese de sembrar con ardor misionero la semilla del Evangelio (Aparecida, 362), comprometida por una vida mejor y más digna para todos, especialmente para los más pobres y marginados de la sociedad.

10. ¡La parábola del sembrador exige la fe! de quien lanza la semilla y la fe del terreno que la recibe (Cf. Mc 4,13-20).
®     Exhortamos a todo el pueblo de Dios a que acojamos con renovada gratitud del don de la fe, viviendo sus exigencias con coherencia y radicalidad.
®      Dóciles a la acción de Dios esforcémonos en vivir nuestra fe como camino de discipulado misionero, fruto de:
--  un encuentro profundo y continuamente renovado con Jesucristo
--  vivido en la comunión y participación activa en el seno de la comunidad eclesial
-- expresada proféticamente en el testimonio significativo y eficaz de los valores del Evangelio              en medio de la sociedad.


11. Manifestamos nuestra profunda gratitud a Adveniat, que está cumpliendo en este año cincuenta años de existencia, y a todo el pueblo católico de Alemania. Creada por los obispos alemanes con el propósito de apoyar en modo solidario el camino evangelizador de la Iglesia de América Latina, Adveniat se ha manifestado siempre cercana y generosa a las necesidades de nuestras iglesias centroamericanas. ¡Gracias por su generosidad y solidaridad!

12. Que la Virgen María, «la discípula más perfecta del Señor», quien «con su fe, llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo» (Aparecida, 266), ilumine con su amor maternal el camino de la Iglesia en Centro América, para que vivamos nuestra fe como ella, «tanto en la actitud de escucha orante como en la generosidad del compromiso en la misión y el anuncio» (Verbum Domini, 28).

Dado en Tegucigalpa, Honduras, el veintitrés de noviembre de dos mil once.


Mons. Leopoldo José Brenes Solórzano                                Mons. Jorge Solórzano Pérez
Arzobispo de Managua, Nicaragua                                       Obispo de Granada, Nicaragua
Presidente del SEDAC                                                                    Secretario General del SEDAC