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lunes, 11 de febrero de 2013

DECLARATIO




Queridísimos hermanos,
Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.
Vaticano, 10 de febrero 2013.
BENEDICTUS PP XVI

© Copyright 2013 - Libreria Editrice Vaticana

jueves, 13 de diciembre de 2012

ADVIENTO ENTRE LA LITURGIA CATÓLICA Y LA PIEDAD POPULAR




I.     Adviento en el Magisterio de la Iglesia
Citemos apenas algunos textos claves para nuestra reflexión.
A)    Las “Normas universales sobre el año litúrgico y el Calendario Romano Genera”.
Publicadas por el Papa Pablo VI el 14 de Febrero de 1969  con la Carta apostólica Mysterii Paschalis. En adelante citaremos este documento como  NUAL. En él queda claramente manifestada la doble finalidad  de este tiempo litúrgico. En efecto, para el NUAL el Adviento es[1]:
1. “…tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres.” De ahí que los días del 17 al 24 de diciembre, inclusive tienen la finalidad de prepararnos más directamente a celebrar los acontecimientos que                           preparan la Navidad. Por eso se toman estos días como una segunda sección o etapa del                         Adviento.
2. “…y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos.” Son los días comprendidos entre el primer                    domingo de Adviento y el día 16 de diciembre. En esta primera sección o etapa del Adviento                somos convocados a fortalecer nuestra fe en este Dios cuya gracia y amor ya actúa en este                     mundo, que sin embargo no será plenamente reino de Dios sino hasta el retorno de nuestro                     redentor.        
Por esta doble finalidad, el NUAL llama al Adviento el “tiempo de una expectación piadosa y alegre”.

B)    El “Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia. Principios y orientaciones.”
Esta es una publicación de la “Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos”, del 01 de Diciembre del 2001.  En él se caracteriza al Adviento como un tiempo de[2]:
-- Esperaen clave de memoria: de la primera venida del Salvador en nuestra carne mortal. Y memoria             como como súplica de un pueblo que ora por su segunda y última venida, ahora gloriosa, como             Señor y Juez de la historia.
-- Conversión: a la que nos invita permanentemente la Palabra de Dios en este tiempo, a través de los               profetas, en especial Juan Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de Dios” (Mt. 3,2).
-- Esperanza gozosa: porque esperamos una salvación que ya esta realizada en y por Cristo (Rom. 8,                24-25). Así, la gracia de Dios que ya actúa en este mundo llegará a su madurez y plenitud                      cuando las promesas se conviertan en posesión “…porque lo veremos tal cual es” (1 jn. 3,2).



II.   El valor de la piedad popular para nuestra fe católica.
Basten nuevamente dos citas del Magisterio para iluminarnos al respecto.
A)    Del mismo “Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia. Principios y orientaciones.”
Son muchos los halagos con que este Directorio ensalza el valor de la piedad popular. Basten dos citas a manera de ejemplos:
·         … la piedad popular es una realidad viva en la Iglesia y de la Iglesia…su punto de referencia es el misterio de Cristo Salvador; su objetivo es la gloria de Dios y la salvación de los hombres… Por eso el Magisterio ha expresado muchas veces su estima por la piedad popular y sus manifestaciones; ha llamado la atención a los que la ignoran, la descuidan o la desprecian, para que tengan una actitud más positiva ante ella y consideren sus valores; no ha dudado, finalmente, en presentarla como "un verdadero tesoro del pueblo de Dios"[3].
·         “La piedad popular es muy sensible al misterio de la paternidad de Dios: se conmueve ante su bondad, se admira de su poder y sabiduría; se alegra por la belleza de la creación y alaba al Creador por ella; sabe que Dios Padre es justo y misericordioso, y que se ocupa de los pobres y de los humildes; proclama que Él manda hacer el bien y premia a los que viven honradamente siguiendo el buen camino, en cambio aborrece el mal y aleja de sí a los que se obstinan en el camino del odio y de la violencia, de la injusticia y de la mentira.”[4]
B)    El Papa Benedicto XVI, citado en el Documento de Aparecida:
·         “El Santo Padre destacó la “rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”, y la presentó como “el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina”. Invitó a promoverla y a protegerla. Esta manera de expresar la fe está presente de diversas formas en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer”[5]. La “religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular, profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana.”[6]
·         “La piedad popular es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la Américaprofunda. Es parte de una “originalidad histórica cultural” de los pobres de este continente, y fruto de “una síntesis entre las culturas y la fe cristiana”. En el ambiente de secularización que viven nuestros pueblos, sigue siendo una poderosa confesión del Dios vivo que actúa en la historia y un canal de transmisión de la fe.”[7]





II. La pastoral del Adviento: entre la fe católica y la piedad popular.
Toda esta amplia información tiene como finalidad llevarnos a este punto: la reflexión sobre la pastoral litúrgica del Adviento, por ahora, con una referencia muy específica: la novena de Navidad o posadas navideñas.
¿De dónde sale la idea de que deba haber unas posadas antes de la Navidad? Su más clara raíz son precisamente los textos bíblicos de las misas de la última semana antes de la Navidad. Es decir, los días comprendidos entre el 17 y el 24 de Diciembre, que narran los acontecimientos previos que preparan la Navidad[8]. Sin duda que a lo largo del tiempo, la devoción del pueblo de Dios acompañó estos días con la celebración de una novena (estructura tradicional para cualquier tipo de celebración o devoción que se quiera resaltar), centrada, como se sabe, en la búsqueda de posada para que la Virgen diera a luz a su hijo.
Y aquí surge la necesidad de una sana y armoniosa relación entre la liturgia y la devoción popular en torno a la celebración de una novena o posadas navideñas. Dos puntos concretos:
ü  Dichas posadas empiezan por lo menos el 15 de Diciembre. Para esa fecha estamos todavía en la primera parte del tiempo de Adviento, cuando nuestra fe se centra en la esperanza sobre la segunda venida de nuestro redentor. Por consiguiente, por lo menos en sus dos primeros días esta novena  rompe el mensaje del tiempo litúrgico del Adviento. Es decir que el 15 y 16 de Diciembre todavía nuestras celebraciones de fe se centran la segunda venida del Señor, no en su nacimiento. Por tanto, más que hablar de una “novena” sería más adecuado hablar, como de hecho se hace entre nosotros, de unas “posadas navideñas”, que estrictamente hablando deberían empezar hasta el 17 de Diciembre.
Claro, el problema es que ciertamente es mucha la “demanda” de estas posadas y resultarían muy pocos los días si se empezara hasta el día 17, más si tomamos en cuenta que el mismo día 24 lo más común es que no haya posadas.
ü  El otro aspecto a considerar es ¿qué se hace durante estas posadas?  Es decir ¿cuál es mensaje que se comparte con los que participan de ella? Lo más común es escuchar reflexiones tiernas y piadosas en torno al nacimiento del Señor, más bien fruto de la inspiración del momento de quien la dirige. Y como cada día se cambia de casa, pues no encuentran problema en repetir la misma piadosa reflexión cada día.

Hacía la formulación de propuestas pastorales:
1.      Lo más adecuado es seguir el ritmo litúrgico y entonces iniciar las posadas hasta el día 17 de diciembre. Esto implicaría preparar a una mayor cantidad de equipos de laicos para llevar las posadas a una mayor cantidad de hogares. De no ser posible, entonces hay que asegurarse que las posadas de los días 15 y 16 sirvan para transmitir nuestra fe en la segunda venida del Señor. Esto también podría ser providencial: utilizar los dos primeros días para fortalecer nuestra fe en la segunda venida del Señor, como preparación a la celebración de su nacimiento.
2.      La clave es precisamente la ya mencionada: preparar litúrgicamente desde la parroquia a los equipos que celebrarán las posadas. Y si la parroquia los ha preparado, entonces la misma parroquia debe hacerles un respectivo envío litúrgico en una eucaristía previa al inicio de las posadas.
3.      Esta preparación litúrgica por parte de la parroquia se basaría principalmente en que la celebración de las posadas estén centradas en los textos de la Palabra de Dios, concretamente, los textos ya citados de los días 17 al 24 de diciembre. Este es un punto esencial para retomar o reforzar el valor evangelizador de las posadas.
4.      Es necesario asegurar que haya también una catequesis adecuada para los niños que en buena cantidad y algarabía participan de esta actividad. Que no se queden solo con el gusto de alguna comida o dulces que a lo mejor se regalen en las posadas.
5.      En la misma línea del mensaje cotidiano de la Palabra de Dios, debe hacerse también una revisión y actualización de los posibles cantos que se puedan emplear en estos días, a más de los cantos ya tradicionales e irrenunciables.

La celebración de las posadas es una tradición profundamente arraigada en el ánimo de las devociones populares de nuestro pueblo católico. De ninguna manera se debe pretender suprimírsele. Pero urge, especialmente en el marco del Año de la Fe, renovar su valor evangelizador, sobre todo, insertándolas en el marco del ritmo litúrgico del tiempo del Adviento y el mensaje de la Palabra de Dios en esos días.



[1] NUAL # 39 Y 42
[2] Directorio… # 73 y 74.
[3] Directorio… # 61.
[4] Directorio.. # 79b
[5] EN 48
[6] Documento de Aparecida # 258
[7] D.A. # 264
[8] Genealogía de Jesús, Mt. 1, 1-17 (día 17); la acogida de José del embarazo de María, Mt. 1, 18-24 (día 18); anuncio del nacimiento de Juan, el Bautista (día 19); anuncio del arcángel Gabriel a la virgen María (día 20); visita de María a su prima Isabel, Lc. 1, 39-45 (día 21); magníficat de María, Lc. 1, 46-56 (día 22); nacimiento de Juan, el Bautista, Lc. 1, 57-66 (día 23); cantico de Zacarías, Lc. 1, 67-79 (día 24).
 por el P. Rafael Alvarado

lunes, 19 de noviembre de 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2013

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Id y haced discípulos a todos los pueblos (cf. Mt 28,19)
Queridos jóvenes:

Quiero haceros llegar a todos un saludo lleno de alegría y afecto. Estoy seguro de que la mayoría de vosotros habéis regresado de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2,7). En este año hemos celebrado en las diferentes diócesis la alegría de ser cristianos, inspirados por el tema: «Alegraos siempre en el Señor» (Flp4,4). Y ahora nos estamos preparando para la próxima Jornada Mundial, que se celebrará en Río de Janeiro, en Brasil, en el mes de julio de 2013.
Quisiera renovaros ante todo mi invitación a que participéis en esta importante cita. La célebre estatua del Cristo Redentor, que domina aquella hermosa ciudad brasileña, será su símbolo elocuente. Sus brazos abiertos son el signo de la acogida que el Señor regala a cuantos acuden a él, y su corazón representa el inmenso amor que tiene por cada uno de vosotros. ¡Dejaos atraer por él! ¡Vivid esta experiencia del encuentro con Cristo, junto a tantos otros jóvenes que se reunirán en Río para el próximo encuentro mundial! Dejaos amar por él y seréis los testigos que el mundo tanto necesita.
Os invito a que os preparéis a la Jornada Mundial de Río de Janeiro meditando desde ahora sobre el tema del encuentro: Id y haced discípulos a todos los pueblos (cf. Mt 28,19). Se trata de la gran exhortación misionera que Cristo dejó a toda la Iglesia y que sigue siendo actual también hoy, dos mil años después. Esta llamada misionera tiene que resonar ahora con fuerza en vuestros corazones. El año de preparación para el encuentro de Río coincide con el Año de la Fe, al comienzo del cual el Sínodo de los Obispos ha dedicado sus trabajos a «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana». Por ello, queridos jóvenes, me alegro que también vosotros os impliquéis en este impulso misionero de toda la Iglesia: dar a conocer a Cristo, que es el don más precioso que podéis dar a los demás.
1. Una llamada apremiante
La historia nos ha mostrado cuántos jóvenes, por medio del generoso don de sí mismos y anunciando el Evangelio, han contribuido enormemente al Reino de Dios y al desarrollo de este mundo. Con gran entusiasmo, han llevado la Buena Nueva del Amor de Dios, que se ha manifestado en Cristo, con medios y posibilidades muy inferiores con respecto a los que disponemos hoy. Pienso, por ejemplo, en el beato José de Anchieta, joven jesuita español del siglo XVI, que partió a las misiones en Brasil cuando tenía menos de veinte años y se convirtió en un gran apóstol del Nuevo Mundo. Pero pienso también en los que os dedicáis generosamente a la misión de la Iglesia. De ello obtuve un sorprendente testimonio en la Jornada Mundial de Madrid, sobre todo en el encuentro con los voluntarios.
Hay muchos jóvenes hoy que dudan profundamente de que la vida sea un don y no ven con claridad su camino. Ante las dificultades del mundo contemporáneo, muchos se preguntan con frecuencia: ¿Qué puedo hacer? La luz de la fe ilumina esta oscuridad, nos hace comprender que cada existencia tiene un valor inestimable, porque es fruto del amor de Dios. Él ama también a quien se ha alejado de él; tiene paciencia y espera, es más, él ha entregado a su Hijo, muerto y resucitado, para que nos libere radicalmente del mal. Y Cristo ha enviado a sus discípulos para que lleven a todos los pueblos este gozoso anuncio de salvación y de vida nueva.
En su misión de evangelización, la Iglesia cuenta con vosotros. Queridos jóvenes: Vosotros sois los primeros misioneros entre los jóvenes. Al final del Concilio Vaticano II, cuyo 50º aniversario estamos celebrando en este año, el siervo de Dios Pablo VI entregó a los jóvenes del mundo un Mensaje que empezaba con estas palabras: «A vosotros, los jóvenes de uno y otro sexo del mundo entero, el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Pues sois vosotros los que vais a recoger la antorcha de manos de vuestros mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Sois vosotros quienes, recogiendo lo mejor del ejemplo y las enseñanzas de vuestros padres y maestros, vais a formar la sociedad de mañana; os salvaréis o pereceréis con ella». Concluía con una llamada: «¡Construid con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores!» (Mensaje a los Jóvenes, 8 de diciembre de 1965).
Queridos jóvenes, esta invitación es de gran actualidad. Estamos atravesando un período histórico muy particular. El progreso técnico nos ha ofrecido posibilidades inauditas de interacción entre los hombres y la población, mas la globalización de estas relaciones sólo será positiva y hará crecer el mundo en humanidad si se basa no en el materialismo sino en el amor, que es la única realidad capaz de colmar el corazón de cada uno y de unir a las personas. Dios es amor. El hombre que se olvida de Dios se queda sin esperanza y es incapaz de amar a su semejante. Por ello, es urgente testimoniar la presencia de Dios, para que cada uno la pueda experimentar. La salvación de la humanidad y la salvación de cada uno de nosotros están en juego. Quien comprenda esta necesidad, sólo podrá exclamar con Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1Co 9,16).
2. Sed discípulos de Cristo
Esta llamada misionera se os dirige también por otra razón: Es necesaria para vuestro camino de fe personal. El beato Juan Pablo II escribió: «La fe se refuerza dándola» (Enc. Redemptoris Missio, 2). Al anunciar el Evangelio vosotros mismos crecéis arraigándoos cada vez más profundamente en Cristo, os convertís en cristianos maduros. El compromiso misionero es una dimensión esencial de la fe; no se puede ser un verdadero creyente si no se evangeliza. El anuncio del Evangelio no puede ser más que la consecuencia de la alegría de haber encontrado en Cristo la roca sobre la que construir la propia existencia. Esforzándoos en servir a los demás y en anunciarles el Evangelio, vuestra vida, a menudo dispersa en diversas actividades, encontrará su unidad en el Señor, os construiréis también vosotros mismos, creceréis y maduraréis en humanidad.
¿Qué significa ser misioneros? Significa ante todo ser discípulos de Cristo, escuchar una y otra vez la invitación a seguirle, la invitación a mirarle: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Un discípulo es, de hecho, una persona que se pone a la escucha de la palabra de Jesús (cf. Lc 10,39), al que se reconoce como el buen Maestro que nos ha amado hasta dar la vida. Por ello, se trata de que cada uno de vosotros se deje plasmar cada día por la Palabra de Dios; ésta os hará amigos del Señor Jesucristo, capaces de incorporar a otros jóvenes en esta amistad con él.
Os aconsejo que hagáis memoria de los dones recibidos de Dios para transmitirlos a su vez. Aprended a leer vuestra historia personal, tomad también conciencia de la maravillosa herencia de las generaciones que os han precedido: Numerosos creyentes nos han transmitido la fe con valentía, enfrentándose a pruebas e incomprensiones. No olvidemos nunca que formamos parte de una enorme cadena de hombres y mujeres que nos han transmitido la verdad de la fe y que cuentan con nosotros para que otros la reciban. El ser misioneros presupone el conocimiento de este patrimonio recibido, que es la fe de la Iglesia. Es necesario conocer aquello en lo que se cree, para poder anunciarlo. Como escribí en la introducción de YouCat, el catecismo para jóvenes que os regalé en el Encuentro Mundial de Madrid, «tenéis que conocer vuestra fe de forma tan precisa como un especialista en informática conoce el sistema operativo de su ordenador, como un buen músico conoce su pieza musical. Sí, tenéis que estar más profundamente enraizados en la fe que la generación de vuestros padres, para poder enfrentaros a los retos y tentaciones de este tiempo con fuerza y decisión» (Prólogo).
3. Id
Jesús envió a sus discípulos en misión con este encargo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16,15-16). Evangelizar significa llevar a los demás la Buena Nueva de la salvación y esta Buena Nueva es una persona: Jesucristo. Cuando le encuentro, cuando descubro hasta qué punto soy amado por Dios y salvado por él, nace en mí no sólo el deseo, sino la necesidad de darlo a conocer a otros. Al principio del Evangelio de Juan vemos a Andrés que, después de haber encontrado a Jesús, se da prisa para llevarle a su hermano Simón (cf. Jn 1,40-42). La evangelización parte siempre del encuentro con Cristo, el Señor. Quien se ha acercado a él y ha hecho la experiencia de su amor, quiere compartir en seguida la belleza de este encuentro que nace de esta amistad. Cuanto más conocemos a Cristo, más deseamos anunciarlo. Cuanto más hablamos con él, más deseamos hablar de él. Cuanto más nos hemos dejado conquistar, más deseamos llevar a otros hacia él.
Por medio del bautismo, que nos hace nacer a una vida nueva, el Espíritu Santo se establece en nosotros e inflama nuestra mente y nuestro corazón. Es él quien nos guía a conocer a Dios y a entablar una amistad cada vez más profunda con Cristo; es el Espíritu quien nos impulsa a hacer el bien, a servir a los demás, a entregarnos. Mediante la confirmación somos fortalecidos por sus dones para testimoniar el Evangelio con más madurez cada vez. El alma de la misión es el Espíritu de amor, que nos empuja a salir de nosotros mismos, para «ir» y evangelizar. Queridos jóvenes, dejaos conducir por la fuerza del amor de Dios, dejad que este amor venza la tendencia a encerrarse en el propio mundo, en los propios problemas, en las propias costumbres. Tened el valor de «salir» de vosotros mismos hacia los demás y guiarlos hasta el encuentro con Dios.
4. Llegad a todos los pueblos
Cristo resucitado envió a sus discípulos a testimoniar su presencia salvadora a todos los pueblos, porque Dios, en su amor sobreabundante, quiere que todos se salven y que nadie se pierda. Con el sacrificio de amor de la Cruz, Jesús abrió el camino para que cada hombre y cada mujer puedan conocer a Dios y entrar en comunión de amor con él. Él constituyó una comunidad de discípulos para llevar el anuncio de salvación del Evangelio hasta los confines de la tierra, para llegar a los hombres y mujeres de cada lugar y de todo tiempo.¡Hagamos nuestro este deseo de Jesús!
Queridos amigos, abrid los ojos y mirad en torno a vosotros. Hay muchos jóvenes que han perdido el sentido de su existencia. ¡Id! Cristo también os necesita. Dejaos llevar por su amor, sed instrumentos de este amor inmenso, para que llegue a todos, especialmente a los que están «lejos». Algunos están lejos geográficamente, mientras que otros están lejos porque su cultura no deja espacio a Dios; algunos aún no han acogido personalmente el Evangelio, otros, en cambio, a pesar de haberlo recibido, viven como si Dios no existiese. Abramos a todos las puertas de nuestro corazón; intentemos entrar en diálogo con ellos, con sencillez y respeto mutuo. Este diálogo, si es vivido con verdadera amistad, dará fruto. Los «pueblos» a los que hemos sido enviados no son sólo los demás países del mundo, sino también los diferentes ámbitos de la vida: las familias, los barrios, los ambientes de estudio o trabajo, los grupos de amigos y los lugares de ocio. El anuncio gozoso del Evangelio está destinado a todos los ambientes de nuestra vida, sin exclusión.
Quisiera subrayar dos campos en los que debéis vivir con especial atención vuestro compromiso misionero. El primero es el de las comunicaciones sociales, en particular el mundo de Internet. Queridos jóvenes, como ya os dije en otra ocasión, «sentíos comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que se apoya vuestra vida. […] A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular la tarea de evangelizar este “continente digital”» (Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 mayo 2009). Por ello, sabed usar con sabiduría este medio, considerando también las insidias que contiene, en particular el riesgo de la dependencia, de confundir el mundo real con el virtual, de sustituir el encuentro y el diálogo directo con las personas con los contactos en la red.
El segundo ámbito es el de la movilidad. Hoy son cada vez más numerosos los jóvenes que viajan, tanto por motivos de estudio, trabajo o diversión. Pero pienso también en todos los movimientos migratorios, con los que millones de personas, a menudo jóvenes, se trasladan y cambian de región o país por motivos económicos o sociales. También estos fenómenos pueden convertirse en ocasiones providenciales para la difusión del Evangelio. Queridos jóvenes, no tengáis miedo en testimoniar vuestra fe también en estos contextos; comunicar la alegría del encuentro con Cristo es un don precioso para aquellos con los que os encontráis.
5. Haced discípulos
Pienso que a menudo habéis experimentado la dificultad de que vuestros coetáneos participen en la experiencia de la fe. A menudo habréis constatado cómo en muchos jóvenes, especialmente en ciertas fases del camino de la vida, está el deseo de conocer a Cristo y vivir los valores del Evangelio, pero no se sienten idóneos y capaces. ¿Qué se puede hacer? Sobre todo, con vuestra cercanía y vuestro sencillo testimonio abrís una brecha a través de la cual Dios puede tocar sus corazones. El anuncio de Cristo no consiste sólo en palabras, sino que debe implicar toda la vida y traducirse en gestos de amor. Es el amor que Cristo ha infundido en nosotros el que nos hace evangelizadores; nuestro amor debe conformarse cada vez más con el suyo. Como el buen samaritano, debemos tratar con atención a los que encontramos, debemos saber escuchar, comprender y ayudar, para poder guiar a quien busca la verdad y el sentido de la vida hacia la casa de Dios, que es la Iglesia, donde se encuentra la esperanza y la salvación (cf. Lc 10,29-37). Queridos amigos, nunca olvidéis que el primer acto de amor que podéis hacer hacia el prójimo es el de compartir la fuente de nuestra esperanza: Quien no da a Dios, da muy poco. Jesús ordena a sus apóstoles: «Haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). Los medios que tenemos para «hacer discípulos» son principalmente el bautismo y la catequesis. Esto significa que debemos conducir a las personas que estamos evangelizando para que encuentren a Cristo vivo, en modo particular en su Palabra y en los sacramentos. De este modo podrán creer en él, conocerán a Dios y vivirán de su gracia. Quisiera que cada uno se preguntase: ¿He tenido alguna vez el valor de proponer el bautismo a los jóvenes que aún no lo han recibido? ¿He invitado a alguien a seguir un camino para descubrir la fe cristiana? Queridos amigos, no tengáis miedo de proponer a vuestros coetáneos el encuentro con Cristo. Invocad al Espíritu Santo: Él os guiará para poder entrar cada vez más en el conocimiento y el amor de Cristo y os hará creativos para transmitir el Evangelio.
6. Firmes en la fe
Ante las dificultades de la misión de evangelizar, a veces tendréis la tentación de decir como el profeta Jeremías: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que sólo soy un niño». Pero Dios también os contesta: «No digas que eres niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene» (Jr 1,6-7). Cuando os sintáis ineptos, incapaces y débiles para anunciar y testimoniar la fe, no temáis. La evangelización no es una iniciativa nuestra que dependa sobre todo de nuestros talentos, sino que es una respuesta confiada y obediente a la llamada de Dios, y por ello no se basa en nuestra fuerza, sino en la suya. Esto lo experimentó el apóstol Pablo: «Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2Co 4,7).
Por ello os invito a que os arraiguéis en la oración y en los sacramentos. La evangelización auténtica nace siempre de la oración y está sostenida por ella. Primero tenemos que hablar con Dios para poder hablar de Dios. En la oración le encomendamos al Señor las personas a las que hemos sido enviados y le suplicamos que les toque el corazón; pedimos al Espíritu Santo que nos haga sus instrumentos para la salvación de ellos; pedimos a Cristo que ponga las palabras en nuestros labios y nos haga ser signos de su amor. En modo más general, pedimos por la misión de toda la Iglesia, según la petición explícita de Jesús: «Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,38). Sabed encontrar en la eucaristía la fuente de vuestra vida de fe y de vuestro testimonio cristiano, participando con fidelidad en la misa dominical y cada vez que podáis durante la semana. Acudid frecuentemente al sacramento de la reconciliación, que es un encuentro precioso con la misericordia de Dios que nos acoge, nos perdona y renueva nuestros corazones en la caridad. No dudéis en recibir el sacramento de la confirmación, si aún no lo habéis recibido, preparándoos con esmero y solicitud. Es, junto con la eucaristía, el sacramento de la misión por excelencia, que nos da la fuerza y el amor del Espíritu Santo para profesar la fe sin miedo. Os aliento también a que hagáis adoración eucarística; detenerse en la escucha y el diálogo con Jesús presente en el sacramento es el punto de partida de un nuevo impulso misionero.
Si seguís por este camino, Cristo mismo os dará la capacidad de ser plenamente fieles a su Palabra y de testimoniarlo con lealtad y valor. A veces seréis llamados a demostrar vuestra perseverancia, en particular cuando la Palabra de Dios suscite oposición o cerrazón. En ciertas regiones del mundo, por la falta de libertad religiosa, algunos de vosotros sufrís por no poder dar testimonio de la propia fe en Cristo. Hay quien ya ha pagado con la vida el precio de su pertenencia a la Iglesia. Os animo a que permanezcáis firmes en la fe, seguros de que Cristo está a vuestro lado en esta prueba. Él os repite: «Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Mt 5,11-12).
7. Con toda la Iglesia
Queridos jóvenes, para permanecer firmes en la confesión de la fe cristiana allí donde habéis sido enviados, necesitáis a la Iglesia. Nadie puede ser testigo del Evangelio en solitario. Jesús envió a sus discípulos a la misión en grupos: «Haced discípulos» está puesto en plural. Por tanto, nosotros siempre damos testimonio en cuanto miembros de la comunidad cristiana; nuestra misión es fecundada por la comunión que vivimos en la Iglesia, y gracias a esa unidad y ese amor recíproco nos reconocerán como discípulos de Cristo (cf. Jn 13,35). Doy gracias a Dios por la preciosa obra de evangelización que realizan nuestras comunidades cristianas, nuestras parroquias y nuestros movimientos eclesiales. Los frutos de esta evangelización pertenecen a toda la Iglesia: «Uno siembra y otro siega» (Jn 4,37).
En este sentido, quiero dar gracias por el gran don de los misioneros, que dedican toda su vida a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Asimismo, doy gracias al Señor por los sacerdotes y consagrados, que se entregan totalmente para que Jesucristo sea anunciado y amado. Deseo alentar aquí a los jóvenes que son llamados por Dios, a que se comprometan con entusiasmo en estas vocaciones: «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35). A los que dejan todo para seguirlo, Jesús ha prometido el ciento por uno y la vida eterna (cf. Mt 19,29).
También doy gracias por todos los fieles laicos que allí donde se encuentran, en familia o en el trabajo, se esmeran en vivir su vida cotidiana como una misión, para que Cristo sea amado y servido y para que crezca el Reino de Dios. Pienso, en particular, en todos los que trabajan en el campo de la educación, la sanidad, la empresa, la política y la economía y en tantos ambientes del apostolado seglar. Cristo necesita vuestro compromiso y vuestro testimonio. Que nada –ni las dificultades, ni las incomprensiones– os hagan renunciar a llevar el Evangelio de Cristo a los lugares donde os encontréis; cada uno de vosotros es valioso en el gran mosaico de la evangelización.
8. «Aquí estoy, Señor»
Queridos jóvenes, al concluir quisiera invitaros a que escuchéis en lo profundo de vosotros mismos la llamada de Jesús a anunciar su Evangelio. Como muestra la gran estatua de Cristo Redentor en Río de Janeiro, su corazón está abierto para amar a todos, sin distinción, y sus brazos están extendidos para abrazar a todos. Sed vosotros el corazón y los brazos de Jesús. Id a dar testimonio de su amor, sed los nuevos misioneros animados por el amor y la acogida. Seguid el ejemplo de los grandes misioneros de la Iglesia, como san Francisco Javier y tantos otros.
Al final de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, bendije a algunos jóvenes de diversos continentes que partían en misión. Ellos representaban a tantos jóvenes que, siguiendo al profeta Isaías, dicen al Señor: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). La Iglesia confía en vosotros y os agradece sinceramente el dinamismo que le dais. Usad vuestros talentos con generosidad al servicio del anuncio del Evangelio. Sabemos que el Espíritu Santo se regala a los que, en pobreza de corazón, se ponen a disposición de tal anuncio. No tengáis miedo. Jesús, Salvador del mundo, está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20).
Esta llamada, que dirijo a los jóvenes de todo el mundo, asume una particular relevancia para vosotros, queridos jóvenes de América Latina. En la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que tuvo lugar en Aparecida en 2007, los obispos lanzaron una «misión continental». Los jóvenes, que en aquel continente constituyen la mayoría de la población, representan un potencial importante y valioso para la Iglesia y la sociedad. Sed vosotros los primeros misioneros. Ahora que la Jornada Mundial de la Juventud regresa a América Latina, exhorto a todos los jóvenes del continente: Transmitid a vuestros coetáneos del mundo entero el entusiasmo de vuestra fe.
Que la Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, invocada también con las advocaciones de Nuestra Señora de Aparecida y Nuestra Señora de Guadalupe, os acompañe en vuestra misión de testigos del amor de Dios. A todos imparto, con particular afecto, mi Bendición Apostólica.
Vaticano, 18 de octubre de 2012
BENEDICTUS PP. XVI
© Copyright 2012- Libreria Editrice Vaticana

viernes, 12 de octubre de 2012

REFLEXIONES CON MOTIVO DEL ACTUAL PROCESO ELECTORAL EN HONDURAS CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

     REFLEXIONES CON MOTIVO DEL ACTUAL PROCESO ELECTORAL EN HONDURAS
Con alegría y esperanza comenzamos hoy el año de la Fe, que tiene por objeto “la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo(Benedicto XVI, Carta Apostólica Porta Fidei, n. 2).
Inspirados en la figura de Jesús Buen Pastor que da la vida en abundancia (Jn 10, 10) y motivados por el ejemplo del Señor que no ha venido a ser servido sino a servir (Mc 10, 42 – 45), proponemos estas reflexiones pastorales sobre la actividad política, considerada como espacio solidario de servicio a los demás.
Nos dirigimos, con la intención de colaborar en el fortalecimiento del sistema democrático del país, ante todo a nuestros hermanos y hermanas que caminan en las comunidades cristianas como seguidores y discípulos misioneros de Jesucristo, y muy especialmente a quienes, profesando en la Iglesia Católica su fe cristiana, aspiran a cargos de representación popular. También deseamos que nuestra palabra llegue a los hombres y mujeres de buena voluntad preocupados por la situación del país y a toda la sociedad hondureña que vive momentos de incertidumbre e inseguridad y que se prepara para un nuevo proceso electoral, ya en marcha en nuestra querida Honduras.
I)- Siguiendo la tradición de reflexión y acompañamiento eclesial:
1 – El pueblo hondureño ha sido nuevamente llamado por el Tribunal Supremo Electoral a hacer uso del derecho a elegir en las urnas a las autoridades que regirán los destinos del Estado hondureño a partir de enero de 2014, mediante dos procesos: las elecciones primarias del 2012 y las elecciones generales del 2013.
2 – Como Conferencia Episcopal hemos acompañado con nuestras reflexiones y exhortaciones este proceso democrático desde Agosto de 1985, cuando hicimos un llamado al voto responsable y reflexionado en base a criterios éticos y cristianos con la publicación de la Exhortación Pastoral titulada “Reflexiones éticas con motivo de la próximas elecciones”. Sucesivos mensajes también se hicieron públicos en los años 1989, 1993, 1997, 2001 y 2005.
3 – Nuevamente expresamos y compartimos nuestras reflexiones acerca del derecho y el deber que tiene el pueblo a ejercer el voto. A diferencia de los procesos electorales anteriores, en esta nueva jornada electoral han sido inscritos nueve partidos políticos, lo que representa un abanico de otras opciones y un enorme desafío para una democracia que, muy condicionada por el bipartidismo, no ha sabido responder a las expectativas del pueblo.

II)- Nuestra mirada desde el contexto de una sociedad amenazada:
4 - Las próximas elecciones se están organizando y, lamentablemente, se realizarán en un ambiente de fuertes amenazas a la vida como en ninguna otra contienda electoral se ha vivido en los últimos treinta años. No ha de extrañarnos que el desaliento, el pesimismo y el miedo sean, ahora, los compañeros inseparables de una población que cada vez se siente más desprotegida.
5 – En Honduras, la vida está amenazada por el modelo económico y social caracterizado por la concentración de riquezas y recursos en manos de pocas personas, en contraposición con la escasez de oportunidades dignas para las grandes mayorías empobrecidas y por las escasas inversiones que podrían mejorar la productividad del agro beneficiando a los campesinos pobres, así como a la micro y mediana empresa. Honduras es uno de los países con menor ingreso per cápita de América Latina.
6 - Está amenazada la vida, y los derechos humanos inherentes a ella, porque el sistema de salud no cubre las necesidades de la población. Porque el sistema educativo público, además de estar al borde del colapso por su mala calidad y manipulación política, genera desigualdad. Y porque a pesar del esfuerzo de la población por lograr los niveles de educación que se exigen para obtener empleo, cerca de dos millones de personas, en edad laboral, están afectadas por el desempleo.
7 - La vida es amenazada diariamente por la violencia delincuencial, el crimen organizado, la violencia intrafamiliar, en especial contra las mujeres y también contra los ancianos y los niños. Las causas más frecuentes de esta violencia son: pérdida de oportunidades para la juventud, falta de valores éticos, exacerbada cultura patriarcal en todos los niveles, estilo de vida importado que promueve la búsqueda del dinero fácil, el consumismo, el hedonismo, el derroche y la transnacionalización de la criminalidad.
8 – Nuestra sociedad vive amenazada por un sistema de justicia dentro del cual hay funcionarios que han facilitado la impunidad, protegiendo a quienes delinquen desde su condición de poder político o económico. Cuerpos de Seguridad del Estado en los que hay miembros contaminados por el crimen organizado, el narcotráfico y la corrupción; y unos mecanismos de depuración que no están avanzando según las expectativas de la ciudadanía. El sistema penitenciario es incapaz de rehabilitar al privado de libertad. Las cárceles son inhumanas y escuelas para aprender a delinquir.
9 – La sociedad está cotidianamente amenazada por conflictos muy complejos: luchas campesinas incluso violentas por acceso a la tierra, reivindicaciones, abusos gremiales, protestas por despidos laborales, agravados por el constante aumento del costo de la vida y por la amenaza de nuevas cargas impositivas. La convivencia social está amenazada por la polarización política existente y una reconciliación cada vez más lejana, que impide la construcción de una agenda ciudadana y un destino común como nación.
10 – La vida está amenazada por la vulnerabilidad ambiental producida por la explotación irracional de los bosques; por la lucha por el control del agua y el abuso de la misma por falta de educación. Amenazada por las industrias extractivas contaminantes; por los efectos del cambio climático. Y, sobre todo, por algunos políticos que por su afán de lucro son capaces de vender hasta la patria. También ellos son una amenaza para la vida.
11 – La desconfianza que se genera y crece cada día hacia el Estado y sus instituciones amenaza también la convivencia y la organización social. Hay desconfianza hacia quienes aspiran a ejercer el poder político porque con su propaganda no ofrecen horizontes para vencer tantas amenazas. Porque en la medida en que no son capaces de convertir sus “promesas” en “propuestas” concretas, aumentan las razones de esta desconfianza personal y comunitaria. Pareciera que la clase política no se da por enterada de que el país está tocando fondo. Basta reflexionar sobre los datos del Tribunal Supremo Electoral sobre el abstencionismo en las elecciones anteriores. De acuerdo con el padrón electoral, en el año 2001 el abstencionismo fue del 33.8%; en 2005 fue del 46.2%; y en el año 2009 fue del 50.1%. Y preocupa mucho más que, siendo los jóvenes la mayoría de los votantes, en el año 2009, los de edades entre 18 y 30 años se abstuvieron de votar en un 55%, mientras que los comprendidos entre los 31 y los 45 años se abstuvieron en un 51%.
12 – Partiendo de este contexto, el nuevo proceso electoral debe estar orientado por la exigente responsabilidad de saber escoger autoridades capaces de garantizar lo que nuestra patria necesita y que muy bien queda expresado en el Documento de Medellín: El ejercicio de la autoridad política y sus decisiones tienen como única finalidad el bien común. En Latinoamérica tal ejercicio y decisiones con frecuencia aparecen apoyando sistemas que atentan contra el bien común o favorecen a grupos privilegiados. La autoridad política tiene la misión de propiciar y fortalecer la creación de mecanismos de participación y de legítima representación de la población, o si fuera necesario, la creación de nuevas formas.” (Documento de Medellín, I, 16)
III)- El proceso electoral justo y transparente que Honduras necesita:
13 – Como obispos de la Iglesia Católica, consideramos que la democracia, más que un sistema político, consiste en un sistema de valores. Y con el Beato Juan XXIII, creemos que los valores que garantizan la convivencia civil y el sistema democrático son: la Justicia, la Verdad, el Amor y la Libertad (Pacem in terris, n° 35) Sobre ellos debe refundarse una nueva Honduras. Por eso trabajamos y abogamos por una sociedad justa, equitativa, fraterna, respetuosa de la vida y la dignidad del ser humano, en la que el poder y el ejercicio de la autoridad sea entendido como un servicio al pueblo y, sobre todo, a los pobres.
14 – El proceso electoral debe contribuir a colocar los cimientos de una mayor justicia en el país, que es una tarea prioritaria del Estado. “El orden justo de la sociedad y del estado es una tarea principal de la política. Un estado que no se rige según la justicia se reduce a una gran banda de ladrones. La justicia es el objeto y por consiguiente la medida intrínseca de toda política” (Benedicto XVI, Deus Caritas est   n° 28)
La gran pregunta de todo político y de todo gobierno debería ser: “¿Cómo realizar aquí y ahora la justicia en el país?” El proceso electoral debe abrir el horizonte para que desarrollemos en el país estructuras más justas a fin de que las condiciones de los excluidos, marginados, ignorados abandonados a su miseria y dolor, se transformen en oportunidades de vida.
15 – La inequidad o desigualdad en Honduras va creciendo; y en la misma medida se reducen las oportunidades de las personas, se obstruye la reducción de la pobreza, aumenta el descontento social y la protesta, se frena el desarrollo económico, se bloquea la posibilidad de diálogo y negociación pacífica, se fortalece el monopolio del poder político. Así lo pone en evidencia el Informe sobre el Desarrollo Humano en Honduras del año 2011. El Papa Pablo VI consideraba el desarrollo humano como el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas.” (Pablo VI, Populorum Progressio n° 20) La reducción de la pobreza debe ser un eje central en todo proyecto humano y en todo plan de país elaborado con estrategias claras y viables y con personas comprometidas con esta tarea. Sigue diciendo el Papa Pablo VI: Combatir la miseria y luchar contra la injusticia es promover, a la par que el mayor bienestar, el progreso humano y espiritual de todos, y, por consiguiente, el bien común de la humanidad.” (Populorum Progressio, n° 76). El Papa Pablo VI nos dijo que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.
16 – En un país ensangrentado y polarizado como el nuestro, es urgente educarnos para la paz, y, en consecuencia, no permitir que la violencia penetre en las familias, en los centros educativos y en todas las relaciones sociales. Restaurar la sociedad será posible: serenando los sentimientos, abordando los conflictos desde el respeto y la tolerancia hacia quienes piensan distinto, promoviendo el diálogo franco y constructivo. Y, sobre todo, venciendo el mal a fuerza de bien, como afirma San Pablo en la carta a los Romanos, 12, 21. Advertía ya el Beato Papa Juan XXIII: La violencia jamás ha hecho otra cosa que destruir, no edificar; encender las pasiones, no calmarlas; acumular odio y escombros, no hacer fraternizar a los contendientes, y ha precipitado a los hombres y a los partidos a la dura necesidad de reconstruir lentamente, después de pruebas dolorosas, sobre los destrozos de las discordias.” (Pacem in Terris, n° 162)
17 – Honduras ha sido colocada en los primeros lugares de corrupción en América Latina. Siendo una de las peores deformaciones del sistema democrático, la corrupción se ha ido extendiendo a todos los estratos sociales de la población, no solamente por la crisis de valores sino por el pésimo ejemplo de diversas autoridades políticas, civiles, militares, gremiales, etc. que, en realidad, deberían ser verdaderos modelos para la ciudadanía. La palabra “corrupción” que procede del latín “rumpere”, y significa “romper”, nos ayuda a comprender que la persona corrupta es la que rompe con la palabra dada, rompe con los compromisos adquiridos, rompe con su fidelidad a los principios morales y a la justicia, rompe con el respeto a la fama y al buen nombre de las personas a través del abuso de los medios de comunicación. Lo contrario de corrupto es “integro”, es decir, completo. Esos son los candidatos que necesita Honduras.
18 - La vía que conduce a la honradez y a la transparencia en el ejercicio de la gestión pública será posible si los hondureños y hondureñas asumimos los principios y valores éticos, universales e inmutables. Si nos unimos en el esfuerzo de promover una cultura de la legalidad y de la responsabilidad en el cumplimiento de nuestros deberes y obligaciones. Si somos vigilantes para que no queden en la impunidad los agravios cometidos contra la ciudadanía y el bien común. Si los funcionarios y servidores públicos cumplen las responsabilidades que les comprometen con los fines de las Instituciones por las que han sido juramentados o contratados.
19 - El pueblo debe ser el verdadero protagonista de la actividad política y el único beneficiado de la misma; el pueblo no debe ser utilizado como masa amorfa a favor de una élite acostumbrada a manipularlo en beneficio propio. Somos una REPÚBLICA (res pública), y es el pueblo soberano quien ha de velar para que la “cosa pública” esté garantizada por sus representantes elegidos democráticamente. Y es el pueblo quien tiene el derecho a revocar, por cauces legales, a quienes no lo representen dignamente.
La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica.” (Centesimus Annus, n° 46)
IV)- Nuestras sugerencias:
20 – Las comunidades cristianas están llamadas a participar en la vida democrática que Honduras ha elegido y define la Constitución de la República. Como fruto del compromiso social que brota de nuestra fe, los cristianos debemos participar en la vida política y tomar parte, por tanto, en el ejercicio electoral, en la vigilancia para que las elecciones sean transparentes y justas, no solamente en el acto de depositar el voto, sino también en el control de los resultados electorales, para evitar todo tipo de fraude. Y, sobre todo, en el seguimiento del actuar de las autoridades electas, puesto que nuestro voto no es un cheque en blanco que les hayamos entregado.
21 – Consideramos que el abstencionismo no es una respuesta positiva por muy duras que sean las crisis sociales y políticas y por muy defraudada que se encuentre la ciudadanía. No debemos negarnos este derecho ni dejar que nuestra sociedad sea gobernada por una democracia de muy pocos que les permita constituirse en dictadura, amparados por la legitimidad del proceso electoral. Al votar reforzamos nuestro derecho a exigir a las autoridades el cumplimiento de sus compromisos y obligaciones.
22 – Exhortamos a las personas que sean llamadas a ejercer las funciones de Custodios Electorales y Miembros de Junta Ciudadana de Custodia y Administración Electoral que, además de cumplir los requisitos que exige el Tribunal Supremo Electoral, las vivan como un verdadero servicio, expresión del amor a la patria que millones de hondureños sentimos, y dándonos a todos el ejemplo de transparencia y honradez, con una sana independencia de sus posiciones políticas o partidarias.
23 – Exhortamos a toda la sociedad a que haga valer su derecho de acceso a la información ante los organismos responsables del proceso electoral, porque es necesario que toda la sociedad sepa diferenciar las elecciones generales, a celebrarse en el 2013, de las primarias que tendrán lugar el 18 de noviembre del presente año 2012, conocer los niveles de obligatoriedad que existen para cada una de las dos contiendas y recibir la información que tenemos derecho a obtener de los distintos candidatos y candidatas, para no votar a ciegas o sólo por tradición, costumbre o color político.
24 – Sugerimos, con mucho respeto, al Tribunal Supremo Electoral que de entre los muchos aspectos que debe atender, ponga especial cuidado en garantizar a toda la población:
+ Un censo electoral confiable.
+ Una identificación que evite la duplicidad de votos.
+ Autoridades electorales que garanticen elecciones válidas.
+ Mantener su total autonomía con respecto al gobierno o cualquier fuerza política que quiera sesgar la votación a favor de algún partido.
+ El cumplimiento de la Ley electoral y la denuncia de cualquier delito electoral.
+ Exigir a los partidos políticos la información sobre el origen de los fondos con los que financian sus campañas.
+ La información oficial y oportuna de los resultados de las elecciones que evite desconfianza.
25 – Con total respeto a la decisión que cada ciudadano y ciudadana tomen a la hora de ejercer su voto, consideramos un deber nuestro indicar a todos los fieles cristianos unos criterios que contribuyan al discernimiento necesario para seleccionar responsablemente, y en conciencia, a sus futuros gobernantes. Enumeramos algunas cualidades que son deseables en las personas que aspiran a cargos de elección pública:
+ Un comprobado compromiso en el ejercicio de su profesión, tanto en el ámbito público como privado, a favor de la justicia y la transparencia.
+ Un sentido de la solidaridad que le haga capaz de optar por los más necesitados desde la implementación de políticas sociales a favor de la equidad y la defensa de los derechos humanos.
+ Dar muestras auténticas de su compromiso a favor del Estado de Derecho, y de su respeto y acatamiento a la Ley Electoral.
+ Haber demostrado coherencia con los principios éticos, transparencia en el uso de la información y en la rendición de cuentas de sus gestiones públicas y privadas, así como del origen de los fondos utilizados en la campaña electoral.
+ Propuestos como candidatos a partir de procesos participativos y transparentes, no como resultado de contubernios entre cúpulas de partidos.
+ Dotados de probada capacidad para liderar, gobernar y administrar los bienes del Estado.
+ Que excluyan de su lenguaje el insulto u ofensa para sus oponentes en la campaña política, pues eso es signo de intolerancia, revela un afán desmedido de conseguir el poder a cualquier precio y carencia de educación cívica y valores morales.

V)- Una palabra final desde la esperanza cristiana:
26 – Con esta carta pastoral expresamos nuestros deseos de que el actual proceso electoral sea una oportunidad de renovar la esperanza en que el futuro de Honduras conduzca hacia la elaboración de un proyecto nacional participativo al servicio de una democracia pluralista, participativa, justa, responsable, respetuosa de la dignidad humana, dialogante, promotora del bien común y defensora de los Derechos Humanos. Que sea este el estilo de vida y cultura democrática de nuestro pueblo.
Como nos ha dicho el Papa Benedicto XVI en su reciente viaje al Líbano: “Es grato ver los gestos de colaboración y verdadero diálogo que construyen una nueva manera de vivir juntos. Una mejor calidad de vida y de desarrollo integral sólo es posible compartiendo las riquezas y las competencias, respetando la identidad de cada uno. Pero un modo de vida como éste, compartido, sereno y dinámico, únicamente es posible confiando en el otro, quienquiera que sea. Hoy, las diferencias culturales, sociales, religiosas, deben llevar a vivir un tipo nuevo de fraternidad, donde lo que une es justamente el común sentido de la grandeza de la persona, y el don que representa para el camino de la paz. En ello reside el compromiso que se nos pide. Ahí está la orientación que debe presidir las opciones políticas y económicas, en cualquier nivel y a escala mundial.
Para abrir a las generaciones futuras un porvenir de paz, la primera tarea es la educar en la paz, para construir una cultura de paz… Evidentemente, hay que desterrar la violencia verbal o física. Esta es siempre un atentado contra la dignidad humana, tanto del culpable como de la víctima… Pensamientos de paz, palabras de paz y gestos de paz crean una atmósfera de respeto, de honestidad y cordialidad, donde las faltas y ofensas pueden ser reconocidas con verdad para avanzar juntos hacia la reconciliación. Que los hombres de Estado y los responsables religiosos reflexionen sobre ello” (15 – 09 – 2012).
27 – Esperamos que este proceso nos encamine hacia una democracia en la que el pueblo sea su verdadero garante, sujeto de derechos y actor decisivo en la búsqueda del bien común. Y confiamos en que todos los miembros de la Iglesia Católica sabremos ser ejemplo de ese camino. Por todo ello le pedimos al Señor, unidos en la oración, que nos ilumine y fortalezca.
28 – Nos inspira siempre y en todo la Madre del Señor quien nos recuerda, llena de esperanza, la presencia liberadora de Dios que “actúa con la fuerza de su brazo y dispersa a los de corazón soberbio” (Lucas 1, 51). A Ella, a quien invocamos como Nuestra Señora de Suyapa, le encomendamos interceda ante su Hijo para que todos los buenos deseos de nuestro pueblo se conviertan en realidades.
Comayagüela, M.D.C., 11 de octubre de 2012.
CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS.

martes, 9 de octubre de 2012

Himno para el Año de la Fe en español




Acordes para Guitarra

            RE    SOL              RE 
1. Caminamos llenos de esperanzas,
         LA             RE
pero a tientas en la noche.                                
          SIm                              LA
Vienes  en el Adviento de la historia,        
      Mi                    LA
eres  el Hijo del Alsimo.
RE LA SOL RE MIm LA RE
Cre-do Dominecre   -     do!
          SIm            FA#m           SOL
Con los santos que caminan con nosotros,    
  Mim RE    LA
SeñorTe pedimos:
 RE SOL RE   Mim  LA    RE
Adau   -    ge, adauge nobis fidem!
RE LA SOL RE  Mim  LA    RE
Cre-do Domine, adauge nobis fidem!


             RE               SOL              RE 
2. Caminamos fatigados y perdidos,
          LA                   RE
sin el pan de cada día.
                                      SIm             LA
Nos alimentas con la luz de Navidad,
        Mi                        LA
eres Tú la estrella del alba.
RE LA SOL    RE  MIm LA RE
Credo Domine, cre   -     do!
              SIm         FA#m     SOL
Con María, la primera creyente,
    Mim RE    LA
Señor, Te rogamos:
   RE SOL RE     Mim     LA      RE
Adau   -   ge, adauge nobis fidem!
RE LA SOL    RE     Mim    LA      RE
Credo Domine, adauge nobis fidem!


          RE                SOL          RE 
3. Caminamos cansados y sufrientes,
           LA               RE
las heridas aún abiertas.
                                 SIm              LA
Al que te busca en el desierto Tú lo curas,
        Mi                         LA
eres Tú la mano que nos sana.
RE LA SOL    RE  MIm LA RE
Credo Domine, cre   -     do!
            SIm                FA#m       SOL
Con los pobres que nos llaman a la puerta,  
    Mim RE        LA
Señor, Te invocamos:
   RE SOL RE     Mim     LA      RE
Adau   -   ge, adauge nobis fidem!
RE LA SOL    RE     Mim    LA      RE
Credo Domine, adauge nobis fidem!


             RE                     SOL            RE 
4. Caminamos bajo el peso de la cruz,
                LA                                          RE
vamos siguiendo las huellas de tus pasos.
                                    SIm            LA
Resucitaste en la mañana de la Pascua,
        Mi                                LA
eres Tú el Viviente que no muere.
RE LA SOL    RE  MIm LA RE
Credo Domine, cre   -     do!
                SIm       FA#m          SOL
Con los humildes que quieren renacer,
    Mim  RE       LA
Señor, Te suplicamos:
 RE SOL RE     Mim     LA      RE
Adau   -   ge, adauge nobis fidem!
RE LA SOL    RE     Mim    LA      RE
Credo Domine, adauge nobis fidem!


            RE       SOL         RE 
5. Caminamos oyendo la llamada
              LA               RE
de cada nuevo Pentecostés.
                               SIm       LA
Tú recreas de aquel soplo la presencia,
        Mi                            LA
eres Tú la Palabra de futuro.
RE LA SOL    RE  MIm LA RE
Credo Domine, cre   -     do!
             SIm             FA#m               SOL
Con la Iglesia que anuncia tu Evangelio,
   Mim  RE         LA
Señor, Te imploramos:
   RE SOL RE     Mim     LA      RE
Adau   -   ge, adauge nobis fidem!
RE LA SOL    RE     Mim    LA      RE
Credo Domine, adauge nobis fidem!


           RE              SOL           RE 
6. Caminamos cada día que nos das,
          LA                            RE
con los hombres nuestros hermanos.
                              SIm            LA
Tú nos guias por las sendas de la tierra,
        Mi                          LA
eres Tú la esperanza de la meta.
RE LA SOL    RE  MIm LA RE
Credo Domine, cre   -     do!
            SIm                        FA#m    SOL
Con el mundo donde el Reino está presente,
   Mim RE     LA
Señor, Te clamamos:
  RE SOL RE Mim     LA RE
Adau   -  ge, adauge nobis fidem!
RE LA SOL    RE    Mim  LA RE
Credo Domine, adauge nobis fidem!

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CREDO, DOMINE (Creo, Señor)

1. Caminamos llenos de esperanzas,
pero a tientas en la noche.
Vienes Tú en el Adviento de la historia,
para nosotros el Hijo del Altísimo.
Credo Domine, credo.
Con los santos que caminan con nosotros,
Señor, Te pedimos:
Adauge, adauge nobis fidem. (¡Aumenta, aumenta en nosotros la fe!)
Credo Domine, adauge nobis fidem. (¡Creo, Señor, aumenta en nosotros la fe!)

2. Caminamos fatigados y perdidos,
sin el pan de cada día.
Nos alimentas con la luz de Navidad,
eres Tú la estrella del alba.
Credo Domine, credo.
Con María, la primera creyente,
Señor, Te rogamos:
Adauge, adauge nobis fidem. (¡Aumenta, aumenta en nosotros la fe!)
Credo Domine, adauge nobis fidem. (¡Creo, Señor, aumenta en nosotros la fe!)

3. Caminamos cansados y sufrientes,
las heridas aún abiertas.
Al que te busca en el desierto Tú lo curas,
eres Tú la mano que nos sana.
Credo Domine, credo.
Con los pobres que nos llaman a la puerta,
Señor, Te invocamos:
Adauge, adauge nobis fidem. (¡Aumenta, aumenta en nosotros la fe!)
Credo Domine, adauge nobis fidem. (¡Creo, Señor, aumenta en nosotros la fe!)

4. Caminamos bajo el peso de la cruz,
vamos siguiendo las huellas de tus pasos.
Resucitaste en la mañana de la Pascua,
eres Tú el Viviente que no muere.
Credo Domine, credo.
Con los humildes que quieren renacer,
Señor, Te suplicamos:
Adauge, adauge nobis fidem. (¡Aumenta, aumenta en nosotros la fe!)
Credo Domine, adauge nobis fidem. (¡Creo, Señor, aumenta en nosotros la fe!)

5. Caminamos oyendo la llamada
de cada nuevo Pentecostés.
Tú recreas de aquel soplo la presencia,
eres Tú la Palabra de futuro.
Credo Domine, credo.
Con la Iglesia que anuncia tu Evangelio,
Señor, Te imploramos:
Adauge, adauge nobis fidem. (¡Aumenta, aumenta en nosotros la fe!)
Credo Domine, adauge nobis fidem. (¡Creo, Señor, aumenta en nosotros la fe!)

6. Caminamos cada día que nos das,
con los hombres nuestros hermanos.
Tú nos guías por las sendas de la tierra,
eres Tú la esperanza de la meta.
Credo Domine, credo.
Con el mundo donde el Reino está presente,
Señor, Te clamamos:
Adauge, adauge nobis fidem. (¡Aumenta, aumenta en nosotros la fe!)
Credo Domine, adauge nobis fidem. (¡Creo, Señor, aumenta en nosotros la fe!)

Descargar texto aquí:

Fuente: http://anydelafe.org