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viernes, 25 de junio de 2010

III Congreso latinoamericano de Jovenes Venezuela 2010

Bookmark and Share  III Congreso Latinoamericano de Jóvenes


05 al 12 de Septiembre 2010

TEMA

Jóvenes de América Latina



Discípulos Misioneros de Jesucristo hoy
Para la vida de nuestros pueblos

LEMA
Caminemos con Jesús para dar vida a nuestros pueblos


Tomando en cuenta las orientaciones de “Civilización del Amor. Tarea y Esperanza” y las reflexiones que han surgido en los últimos Encuentros Latinoamericanos y Regionales de Pastoral Juvenil, así como el II Congreso Latinoamericano (Punta de Tralca, 1998), a la luz del Documento de Aparecida y ante los desafíos presentes en las diversas realidades del Continente, la Pastoral Juvenil Latinoamericana se propone para el III Congreso Latinoamericano de Jóvenes:


OBJETIVO GENERAL

ACTUALIZAR LAS ORIENTACIONES DE LA PASTORAL JUVENIL LATINOAMERICANA QUE FAVOREZCAN EL ENCUENTRO DE LOS Y LAS JÓVENES CON JESUCRISTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE SU PROYECTO DE VIDA, ASUMIENDO EL DISCIPULADO MISIONERO, PARA LA TRANSFORMACIÓN

DE NUESTROS PUEBLOS.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

1. Propiciar, durante el III Congreso, el encuentro con Jesucristo vivo, desde la experiencia del discipulado misionero y la espiritualidad de comunión.


2. Fortalecer los vínculos de comunión entre los participantes del III Congreso, creando espacios de fraternidad e intercambio de experiencias.

3. Valorar, celebrar, testimoniar y dar continuidad al camino que hemos recorrido como PJ Latinoamericana.

4. Comprender, desde el aporte de las ciencias humanas y sociales, con la mirada del Buen Pastor, las diferentes situaciones y expresiones juveniles.


5. Profundizar en la vocación de discípulos misioneros de Jesucristo, como elemento esencial en el proyecto de vida de los y las jóvenes, para que se comprometan como protagonistas en la renovación de la iglesia y la sociedad.


Determinar orientaciones que favorezcan la implementación de procesos de discipulado misionero.

Impulsar, desde el III Congreso, una vigorosa acción evangelizadora de los jóvenes de América Latina como generadores de vida nueva en nuestros pueblos.

Animar una profunda conversión pastoral y eclesial mediante la actualización de las orientaciones de “Civilización del Amor. Tarea y esperanza”.

lunes, 14 de junio de 2010

EL MUNDO DE LOS JÓVENES URBANOS: RETOS PARA EL PRESBÍTERO DISCÍPULO Y MISIONERO DE JESUCRISTO

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Mons. Miguel Ángel Morán Aquino

INTRODUCCIÓN

La II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en el documento de Medellín, invitaba a los pastoralistas a “auscultar atentamente las actitudes de los jóvenes que son manifestaciones de los signos de los tiempos: la juventud anuncia valores que renuevan las diversas épocas de la historia” (Medellín, Juventud, 13).

En Puebla hubo una doble opción preferencial: por los pobres y los jóvenes (Puebla, 1134-1205) como sujetos de la Evangelización en el continente; pero la opción por los pobres, por su actualidad y por las discusiones que suscitó, hizo que la opción por los jóvenes pasara a un segundo plano. Tanto que en Santo Domingo, después de presentar las características de la juventud con sus rasgos negativos y positivos, se reconoce que con frecuencia de quedó en el plano afectivo sin aterrizar a lo efectivo (Santo Domingo, 114); por ello se pide que haya “acompañamiento y apoyo real con un diálogo mutuo entre jóvenes, pastores y comunidades”.

La realidad de la juventud actual y la nueva situación, que se ha presentado con el neo-liberalismo y la post-modernidad, constituyen para el sacerdote nuevos desafíos para su misión a los que debe dar una respuesta. El capital humano de nuestro Continente de la Esperanza aún es joven y “nos compromete a dar una respuesta gozosa y misionera desde la riqueza de la Buena Nueva, a quienes buscan a tientas satisfacer su sed de sentido, de humanidad, de felicidad y de trascendencia” (Documento de Participación: “Hacia la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe”, 32).

Se ha dicho que el joven post-moderno es narcisista, es decir, no escucha a nadie sólo escucha sus deseos, sus gustos... ¿realmente los jóvenes son indiferentes frente a lo social, político, religioso, etc.?

1. El desafío de la cultura urbana – postmoderna

Los jóvenes son sensibles a los cambios e influyen en gran medida en su modo de pensar, sentir, percibir y actuar.

Es evidente la diferencia entre un joven de la ciudad y uno del campo. En la ciudad la vida es más compleja. La mayoría de las vocaciones sacerdotales y religiosas surgen del medio rural.

1.1. ¿Qué entendemos por cultura?

Es la manera como un grupo de personas vive, piensa, siente, se organiza, celebra y comparte la vida.
En toda cultura hay a la base un sistema de valores, de significados, de cosmovisiones que se expresan al exterior en el lenguaje, los gestos, los símbolos, los ritos y los estilos de vida. La cultura abarca toda la vida de las personas y de los grupos. Engloba diferentes dimensiones: el trabajo, la diversión, la relación con Dios y la naturaleza, la búsqueda del desarrollo, la relación entre las personas.
El Papa Pablo VI señaló que “la ruptura entre el Evangelio y la cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo” (Evangelii Nuntiandi, 20); y el Papa Juan Pablo II presentó la inculturación como uno de los aspectos fundamentales de la acción evangelizadora de la Iglesia (Redemptoris Missio, 52).

1.2. La cultura urbana

La cultura urbana no puede entenderse independientemente de la modernidad que tiene como hechos sociales básicos la industrialización y la urbanización y de sus consecuencias religiosas: la secularización y la desacralización. El sujeto decide lo que es bueno y lo que es malo. Surgen ciertos mitos, entre ellos: el mito del “progreso infinito” como si lo más importante para el hombre fuera el progreso económico y científico. El mito del “Estado” con diferentes matices: napoleónico, totalitario, nazi, fascista, marxista, liberal, etc.
La cultura anterior se sustituye por lo que ofrece la razón, el saber, la tecnología, la ciencia, la democracia y el desarrollo. El nuevo modelo que mueve a la modernidad es el capitalismo. Pero la modernidad no dio respuesta a todos los anhelos, no resolvió los problemas del hombre y fue sustituida por el relativismo, el subjetivismo y el irracionalismo.
El relativismo que considera que todo es válido. Algo es bueno si me gusta y me da placer. Es el fruto de la crisis de las ideologías. Antes el joven, al menos encontraba ciertas visiones totalizantes. Hoy esas visiones (socialista, democrática, liberal, etc.) han entrado en crisis. Las crisis de las ideologías trae como consecuencia un excesivo relativismo, cada cual puede pensar lo que quiera, organizar su vida como quiera. Desafortunadamente, el joven va a encontrarse con los fundamentalismos fanáticos, cerrados.
Todas las condiciones eran propicias para que surgiera el individualismo, el escepticismo y una religiosidad intimista volcada a la satisfacción de los gustos personales e impulsos emocionales (Empresas religiosas). A esto se e llama post-modernidad o anti-modernidad o re-modernidad.
Los jóvenes se encuentran así en una sociedad secularizada, donde ya lo religioso no impone las leyes a los demás sectores (político, económico, social, cultural, científico, etc.).

1.2.1. El utilitarismo
Se considera ético lo que es útil; se busca el máximo rendimiento con el mínimo de costos. El sentido de la vida pasa a un segundo plano. Se pierden los vínculos familiares, la identidad cultural y se cae en el anonimato. El individuo es absorbido por el grupo.

1.2.2. El consumismo
La sociedad postmoderna tiende a producir cosas en abundancia y esta producción exige consumo; el consumo a su vez exigen producción...y así sucesivamente. La persona se convierte en un esclavo de la producción. Pero para atraer a los consumidores se “bombardean” los sentidos y los sentimientos con la propaganda; al no tener los medios para satisfacer las necesidades creadas cae en depresión o delinque para poseer lo que desea.



2. Características de la cultura postmoderna

• Inmediatismo (compromisos a corto plazo)
• Un joven fragmentado
• Sin un proyecto de vida
• Individualismo
• Ambiente erotizado

2.1. Rasgos de la sub-cultura juvenil

Maneras de pensar: Culto a la persona; dificultad para el raciocinio lógico; entienden más los signos que las palabras abstractas (Lo sustituye por un lenguaje simbólico para expresar sus nuevas vivencias); preferencia por lo vivencial sobre lo conceptual; desconfiados de lo que no comprenden; rechazo del mundo adulto, lo normativo y lo establecido; discernimiento por impresiones; sentido de riesgo y aventura; capacidad de procesar y recibir mucha información.

2.1.1. Valores:

Desapego de las cosas pero consumo exagerado; valor del presente; búsqueda de amigo especial y camaradería; solidaridad con el grupo, aún en lo negativo; sensibilidad por ciertos valores (paz, justicia, ecología); juzgar lo sexual más por el amor que por las normas externas.

2.1.2. Comportamientos:

Afán de novedades y sensaciones fuertes; buscar protagonismo en los grupos; convivir con el ruido; más festivos que alegres; relaciones intensas, pero fugases; temor al futuro; se siente bien en pequeños grupos.

2.1.3. Símbolos:

La música le da la posibilidad de matizar el volumen, la modulación, la rapidez más los efectos de luz le garantizan un placer sensorial múltiple; el tatuaje y perforaciones le identifican con el grupo que domina y defiende un determinado territorio o barrio; el carro que le da la sensación de fuerza, velocidad, facilidad de desplazamiento, independencia, mejora su imagen y le asegura una posición social; el cine y la televisión que le ofrecen dinero fácil al participar en los concursos; la computadora; el celular; la noche que le aleja de la familia y puede transgredir las leyes mediante el robo, el sexo, la droga, etc.; cuidado del cuerpo e imagen (dietas, gimnasio); videojuegos.

Toda esta ambivalencia y problemática explica las dificultades que tienen los jóvenes para establecer vínculos sólidos, estables y satisfactorios.

A las nuevas generaciones les impacta la ausencia casi total de escrúpulos para transgredir normas morales que, por otro lado, se siguen predicando. Este doble discurso de la sociedad que se expresa en códigos morales y jurídicos y se transmite a través de la educación, la familia, etc. va generando ese sentimiento de vacío y escepticismo. Consecuencia: escepticismo y falta de compromiso.

2.2. Con relación a la comunidad

No son dados a los compromisos políticos, más bien, existe un rechazo frente a los político. Prevalecen para ellos otros compromisos fundamentados en nuevos códigos culturales. Les interesa más la ecología y el envejecimiento de la sociedad que la política. Sus ideales son amor, paz, tolerancia, defensa de los animales.

2. Desafíos y retos para el presbítero

• El joven necesita tener una experiencia fuerte de fe que dé seguridad y fundamento a todas sus respuestas. Debemos proponerle una experiencia de encuentro vivo y auténtico con Jesucristo para ser discípulo y misionero.
• Necesita aceptar la pluralidad cultural en la expresión de la fe.
• Para el joven, lo difícil adquiere un carácter de desafío apasionante, por tanto proponerle la vivencia de la santidad que les haga sensibles a los problemas sociales.
• Para mantenerse fiel a los principios y ante la necesidad de apoyo precisa de un grupo, en donde pueda tener vivencias, crear nuevo lenguaje, confrontarse con la vida eclesial y con sus expresiones. Solo, queda expuesto y casi sin oportunidades de crecer.
• Es necesario fortalecer la familia. Hoy la vida del joven no se desarrolla tanto en la casa, sino en la calle, la escuela, en los lugares de entretenimiento, etc. La falta de socialización con los hermanos, porque cada vez son menos los hijos, puede superarse en el grupo juvenil que le permita, también la educación en valores comunitarios.
• El joven necesita ser sensible a las necesidades de los pobres. El contacto con ello será el mejor cuestionamiento y respuesta al contexto cultural de una sociedad de consumo.

CONCLUSIÓN

Esta es la realidad nueva en la que se desarrollan las actuales generaciones adolescentes y jóvenes. Es necesario humanizar la ciencia, la tecnología, el arte, etc. y utilizarlos para el bien de la familia humana, los más fácil es satanizarlos. A todos estos desafíos tenemos que responder con un nuevo ardor, es decir, con entusiasmo y pasión, porque en la Nueva Evangelización hemos avanzado en nuevos métodos, nuevas expresiones, pero necesitamos más entusiasmo.
Es una realidad innegable de que los jóvenes son “una gran fuerza social y evangelizadora” (cf. Ecclesia in america, 47). Gran bendición de Dios fue la iniciativa del Siervo de Dios Juan Pablo II de establecer las Jornadas Mundiales y continentales de la Juventud invitándoles a ser valientes, a apreciar el valor del compromiso para toda la vida, a no temer al encuentro con Jesucristo vivo. Imposible olvidar la XX Jornada Mundial de la Juventud en Colonia con el Papa Benedicto XVI donde les dijo: “Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros...” (Discurso en la Fiesta de acogida en el Embarcadero del Poller Rheinwiesen, Colonia, 18 de agosto de 2005).
La preparación hacia la VCG es una oportunidad para que los jóvenes reafirmen su vocación de “discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”

Fuente: Celam



viernes, 11 de junio de 2010

LA PARTICIPACIÓN DE LOS JÓVENES EN LAS PARROQUIAS

Bookmark and Share  Milton Beltrán

Diócesis de Cd. Altamirano

La parroquia es muy importante en la Iglesia, pues como lo dice el Papa en el documento de la Iglesia en América, que la parroquia es el lugar de la iniciación cristiana (41), y cada uno de sus miembros son una parte muy especial.

Los jóvenes como miembros de esta Iglesia formamos un bloque que en muy pocas ocasiones es tomado en cuenta. Es hasta hace unos años y sólo en algunos lugares que se ha logrado integrar a los jóvenes en la vida comunitaria de su parroquia, sin embargo aún existen muchos lugares en los cuales la juventud es muy poco valorada y no es tomada en cuenta.

Otro punto muy importante que se debe destacar en este trabajo en favor de la Pastoral es el papel que desempeñan los sacerdotes encargados o párrocos, así como el obispo diocesano debido a que no se cuenta una buena respuesta de parte de ellos ante nuestras inquietudes por transformar nuestra parroquia; desde hace mucho tiempo en muchas de nuestras parroquias han existido intentos por crear grupos juveniles para trabajar en favor de los mismos jóvenes, se trata de que el joven evangelice al mismo joven por medio de actividades comunes, pero desgraciadamente en cuanto se busca el apoyo de los sacerdotes, en la mayoría de los casos mencionan que no tienen tiempo, o que simplemente eso no les gusta; por lo que los jóvenes se desaniman y como existen otras actividades que nos llaman la atención no hay perseverancia y se olvida la inquietud.

Debido en gran medida a que en la mayoría de nuestras parroquias no existen grupos parroquiales juveniles con bases sólidas o con asesores bien preparados, cuando se llegan a formar duran muy poco y a la menor dificultad optan por retirarse dejando inconcluso su trabajo, por lo que es necesario que se tenga un apoyo espiritual por parte de los sacerdotes y religiosas o por otras personas comprometidas para prepararnos en el verdadero sentido que tiene el ayudar en favor de los jóvenes.

Desafortunadamente no siempre los sacerdotes en las parroquias llevan una buena comunicación con los jóvenes, ya que sólo se limitan a solicitarles su ayuda para la realización de eventos en las parroquias dejando de lado el verdadero sentido del servicio hacia el prójimo; a la larga esto puede dificultarnos entender y asumir un compromiso serio en la sociedad, porque nuestra práctica del servicio se ve limitada a hacer cosas como limpiar, vender cosas…

También es meritorio reconocer el papel que tienen los padres de familia en las parroquias ya que son ellos los primeros en brindar el apoyo, los permisos y su tiempo para con sus hijos, por lo que no sólo se debe trabajar con los jóvenes sino también con sus papás pues si un joven tiene muchas ganas de trabajar en favor de su parroquia y no cuenta con el apoyo de sus padres, no podrá desarrollarse totalmente.

A lo largo de los años el trabajo de los jóvenes en las parroquias se ha visto disminuido, en gran medida por no haber respuesta a nuestras inquietudes, nos hemos hecho apáticos ante las situaciones que se viven en las parroquias. Es muy importante hacer notar como lo menciona el Papa en el documento de la Iglesia en América (47), que los jóvenes cuentan con una gran fuerza evangelizadora por lo que es de mucha importancia buscar nuevas formas en las cuales se pueda evangelizar usando esta fuerza.

Es muy conveniente conocer dentro de las parroquias con qué clase de jóvenes contamos ya que la forma y las actividades a realizar son distintas para cada joven, es decir que se deben buscar diversas formas de despertar la creatividad del joven de acuerdo a sus inquietudes, necesidades y habilidades, por lo regular en la mayoría de los casos la participación de los jóvenes en la parroquia se desarrolla principalmente en los coros juveniles, pero también puede llegar a darse en grupos de participación social. Nuestros pueblos tienen un gran espíritu de solidaridad y ayuda para con los necesitados y los jóvenes no somos la excepción por lo que sería una muy buena forma de dar testimonio de vida cristiana juvenil si se crean grupos juveniles parroquiales que se dediquen verdaderamente a ayudar tanto a niños, jóvenes y adultos en los distintos ámbitos de la sociedad.

También es necesario que tengamos en cuenta que la juventud nunca permanece estática, es decir que día a día se deben buscar nuevas formas en las cuales se tenga interesado al joven en el trabajo de la parroquia, ya que de otra forma nuestros jóvenes se aburren y se van; esto se nota más frecuentemente en las parroquias de las ciudades pues los jóvenes prefieren las diversiones fáciles al compromiso parroquial, dando lugar a que, si no se da respuesta a lo que quieren realizar, terminen por caer en los vicios o en las drogas, ya que es lo más fácil cuando no se tiene un verdadero sentido del respeto de sí mismo.

Hay que pensar que de seguir así, sin propuestas verdaderamente que llamen la atención de los jóvenes, nuestras parroquias no podrán crecer y poco a poco irán quedándose solas.

Es muy importante que los sacerdotes tengan una buena preparación e interés, es decir estén dispuestos a apoyar las ideas juveniles llevándolas a cabo teniendo en cuenta también el aspecto espiritual, puesto que todo trabajo que no se haga encomendado a Dios y con amor no tiene caso, pues esto nos motiva a encarnar el Evangelio de acuerdo a las situaciones particulares que viven las personas.

Es importante también que el trabajo parroquial incluya a jóvenes de ambos sexos y de todas las clases sociales, con o sin problemas. La Pastoral Juvenil, no se limita a los conocidos o quien cae bien, sino que busca programar actividades que interesen a todos los jóvenes para atraerlos y ayudamos, siempre iluminados por la oración para realizar todas las acciones con amor.

Es de suma importancia, también, el saber escuchar a los jóvenes, brindarles un consejo cuando lo necesiten y respetar sus opiniones; hay que hacerles sentir que son útiles en la parroquia y que su persona vale mucho así como sus ideas; de esta manera se les ayuda a formar una conciencia cristiana y social sólida que mueva a vivir los valores del Evangelio en todos los sitios en los que se desenvuelven, para ser, como cristianos, verdadero fermento en la sociedad.

Un gran compromiso que tenemos los jóvenes es el saber dar testimonio de lo que hemos aprendido al conocer a Cristo así como también el ayudar a que otros jóvenes lo conozcan también.

Algo importante, también, es el que nosotros busquemos un acercamiento con los párrocos, asesores, responsables de pastoral juvenil e incluso con nuestros obispos para hacerles sentir que los jóvenes también podemos trabajar en favor de nuestra parroquia y lo podemos hacer siempre confiando en la ayuda de Dios y con la asesoría de ellos mismos.

Por último quiero agregar que si algo se puede realizar será siempre con la ayuda de Dios y con el trabajo conjunto de sacerdotes, obispos y jóvenes, ya que solos no estaríamos completos y siempre faltaría algo.

Fuente:Celam

Asesor de Juventud Llamado de Dios

Bookmark and ShareEl acompañamiento es una dimensión fundamental de la vida. Ninguno de nosotros podría vivir solo, necesitamos de otros para caminar, para compartir, construir nuevos caminos y ayudarnos en la búsqueda de respuestas a las preguntas fundamentales: ¿Qué rumbo seguir? ¿Cómo ser feliz? ¿Qué lugar ocupan las otras personas en mi vida? ¿Qué mundo deseo construir? ¿Qué elegir entre tantas opciones? o ¿Qué considerar para hacer estas elecciones?


Nadie llega a estas respuestas sólo o de forma repentina; es todo un proceso, que parte de nuestra historia personal, de las opciones ya realizadas, de nuestra afectividad, de las dimensiones que nos van haciendo personas, de la vocación que escogemos asumir, y del Proyecto de Vida que construimos. Para todo esto es fundamental contar con la presencia de personas que caminen junto a nosotros.

El mismo Jesús vivió esta opción de acompañar y ser acompañado. En el cumplimiento de su misión, siempre eligió caminar junto con las personas. Tanto los ayudó a encontrar las respuestas fundamentales para sus vidas, como dejó que éstas lo ayudasen a hacer realidad el camino de vida en abundancia que él soñó para todos.

En la Pastoral de Juventud en nuestro país, a través del proceso vivido en la elaboración del Plan Nacional de Pastoral de Juventud, descubrimos que necesitábamos con urgencia nuevas formas y espacios de acompañamiento personal y comunitario.

El acompañamiento es un encuentro entre dos libertades, la libertad del adulto que ofrece este servicio de acompañar y la libertad del joven que opta desde su libertad por ser acompañado. Pongamos esta vez la mirada en las personas que acompañan y descubramos las actitudes que este servicio implica. Creemos que el acompañamiento, como servicio realizado en nombre de la Iglesia, se entronca en la ministerialidad del Pueblo de Dios y constituye en la Pastoral de Juventud en Latinoamérica un ministerio.

“La ministerialidad de la asesoría se fundamenta:

a) en Jesucristo servidor (Mt 20,28), que realiza el proyecto liberador de Dios;

b) en la ministerialidad de la Iglesia, que sirve a la humanidad actualizando la liberación integral realizada en Jesucristo;

c) en el carácter bautismal, por el cual todo cristiano/a participa de la misión ministerial de la Iglesia por obra del Espíritu y de la opción preferencial por los jóvenes asumida por la Iglesia Latinoamericana, como fruto del discernimiento del proyecto de Dios para la juventud del Continente”.

El/la educador/a de adolescentes y jóvenes es capaz de mantener encendida la llama del deseo de la vida frente a tantas situaciones de muerte que vive este continente. Para ello, necesita educarse en la escucha, en el mirar, en el hablar, para que haya una empatía profunda entre los deseos de vida expresados en esta relación.

El/la educador/a de adolescentes y jóvenes es un/a aprendiz de Juan Bautista que “señala a Jesús” y afirma que Él es el Cordero de Dios. Señalar hacia fuera de sí mismo, creyendo que el adolescente y el joven de hoy, participando de un Proceso de Educación en la Fe, planeado y acompañado, tendrán condiciones para ir mucho más lejos que él mismo. Preparar y multiplicar diversos tipos de líderes para la comunidad.

El/la educador/a es “provocador/a”. Provoca para crecer. Para crecer hay que enfrentar muchas pérdidas, muchas decisiones que dejan cicatrices en nosotros. Él/ella tendrá la sabiduría y el coraje de hacer suscitar las nuevas preguntas que harán la diferencia en la vida de los que están siendo acompañados/as.

Una de las herramientas del acompañamiento es la revisión de vida y la revisión de práctica para que, como grupo, puedan ir acompañando las coherencias y las incoherencias que cada uno y cada una van asumiendo en su proceso de formación en la acción.

La tarea primordial de quien acompaña es la planeación. Aquel o aquella que acompaña es el/la que tiene claro adónde se quiere llegar y la memoria del camino hecho. Por tal razón, junto con los otros adultos y jóvenes que están viviendo el proceso, ha de planear la acción de modo que ninguna actividad sea realizada sin una intención clara. Actividades que van desde el acompañamiento de los jóvenes que aceptaron la vida en grupo y, principalmente, de cómo estos jóvenes que viven en grupo van a HACER Pastoral Juvenil junto a los otros jóvenes: misiones juveniles, convocando nuevos grupos, nucleando grupos en todos los ambientes, etc.

AGENTES DE LA PASTORAL JUVENIL

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1. EL ANIMADOR JUVENIL - Una de las formas más significativas del protagonismo juvenil consiste en la tarea de animar y coordinar.

La tarea del Animador Juvenil consiste en vitalizar y apoyar el crecimiento del grupo y de la comunidad juvenil.

Su misión se orienta por tanto a:

a) Coordinar.- Servicio que consiste en recibir, canalizar y favorecer los recursos y esfuerzos con el fin de llegar a obtener los objetivos propuestos.

b) Animar.- Tarea que tiende a crear un clima favorable al crecimiento personal de la fe y del servicio misionero de los miembros del grupo y comunidad juvenil.
Estas tareas específicas exigen del joven animador juvenil estas cualidades:
- Ser ejemplo de vida espiritual, en abnegación y sacrificio.
- Vivir en forma entusiasta y coherente su fe.
- Servir como uno entre iguales.
- Sensibilidad para percibir las necesidades, tendencias y preocupaciones del grupo o comunidad.
- Capacidad de interpretación, discernimiento y decisión.
- Promover la participación y corresponsabilidad, evitando generar dependencias.
- Capacidad para acompañar el proceso comunitario, con los elementos de pedagogía pastoral y metodología del crecimiento personal y grupal.
- Trabajar en equipo con el asesor y con otros animadores y dirigentes juveniles.
- Capacidad de previsión.
- Tener buenas relaciones familiares, sociales y eclesiales.


2. EL ASESOR -La Pastoral Juvenil necesita la presencia del asesor para que favorezca el crecimiento de la comunidad y el protagonismo juvenil, tanto en los grupos o comunidades juveniles como entre los animadores.

El asesor es un cristiano maduro en la fe: Obispo, Sacerdote, Diacono, Religioso o Religiosa, Seminarista, Padres de Familia y Jóvenes, que da testimonio de ella, comparte con los jóvenes su vivencia del Evangelio y su seguimiento de Jesús.

Así el asesor es, sobre todo, un servidor que favorece la iniciativa de los jóvenes, despierta su creatividad, orienta sus búsquedas y los acompaña a mirar su realidad y discernir en ella la presencia salvadora del Señor de la vida.

Se hace necesario diferenciar entre la asesoría del presbítero a la del religioso o laico. Un elemento vital en la asesoría es poder acompañar el camino de crecimiento en la fe desde una reflexión y vivencia sacramental de la propia vida.

El sacerdote asesor debe poder ayudar al joven desde el sacramento de la penitencia y la Eucaristía.

Un asesor no sacerdote no puede pretender llenar esta exigencia de una auténtica asesoría.

Sus tareas específicas, las que realiza siempre en equipo con los jóvenes, se orientan a:

a) Planificar la respuesta pastoral a los jóvenes en el nivel en que se ejerce su misión: parroquia o filial, vicaría o diócesis.

b) El asesor acompaña todo el trabajo pastoral aportando orientaciones, criterios y sugerencias prácticas, a fin de dar eficacia a las iniciativas que surgen de las acciones que se emprenden.



jueves, 3 de junio de 2010

RECONCILIATIO ET PAENITENTIA

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Hablar de RECONCILIACIÓN y PENITENCIA es, para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, una invitación a volver a encontrar —traducidas al propio lenguaje— las mismas palabras con las que Nuestro Salvador y Maestro Jesucristo quiso inaugurar su predicación: «Convertíos y creed en el Evangelio»(1) esto es, acoged la Buena Nueva del amor, de la adopción como hijos de Dios y, en consecuencia, de la fraternidad.


¿Por qué la Iglesia propone de nuevo este tema, y esta invitación?

El ansia por conocer y comprender mejor al hombre de hoy y al mundo contemporáneo, por descifrar su enigma y por desvelar su misterio; el deseo de poder discernir los fermentos de bien o de mal que se agitan ya desde hace bastante tiempo; todo esto, lleva a muchos a dirigir a este hombre y a este mundo una mirada interrogante. Es la mirada del historiador y del sociólogo, del filósofo y del teólogo, del psicólogo y del humanista, del poeta y del místico; es sobre todo la mirada preocupada —y a pesar de todo cargada de esperanza— del pastor.

Dicha mirada se refleja de una manera ejemplar en cada página de la importante Constitución Pastoral del Concilio Vaticano II Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo y, de modo particular, en su amplia y penetrante introducción. Se refleja igualmente en algunos Documentos emanados de la sabiduría y de la caridad pastoral de mis venerados Predecesores, cuyos luminosos pontificados estuvieron marcados por el acontecimiento histórico y profético de tal Concilio Ecuménico.

Al igual que las otras miradas, también la del pastor vislumbra, por desgracia, entre otras características del mundo y de la humanidad de nuestro tiempo, la existencia de numerosas, profundas y dolorosas divisiones.

 Asesoria y acompañamiento en otro nivel como la riqueza de papa juan PabloII