Al tratar el tema de la formación de los asesores de pastoral juvenil se constata la afirmación de Boran (1995) sobre la escasa bibliografía existente relacionada al tema.
Los autores coinciden de una u otra forma en que la mejor formación para un asesor es haber vivido el proceso de formación dentro de un grupo juvenil. Pero esta no es la única vía de formación. También se proponen cursos, talleres, seminarios y grupos de asesores.
La visión que tenía el asesor anteriormente, cuando era un joven dentro del grupo juvenil, es diferente a la que posee al ser llamado para asesorar al grupo. Habrá aprendido con los modelos que tuvo en su proceso tanto las cualidades como los vicios que presentaron sus asesores. Por otra parte, es con un proceso de ensayo y error al encontrarse por primera vez con el grupo como comienza a ajustarse y a adquirir experiencia; aunque ese tipo de experiencia puede salir cara cuando, muy a pesar de las buenas intenciones, el asesor es sobrepasado por situaciones que se presenten en el grupo.
Las asambleas y grupos de asesores también son un buen lugar para la formación de los asesores. Allí se comparte con otros que tienen mayor experiencia, inquietudes similares e incluso respuestas a interrogantes que han surgido en él. En estas asambleas y reuniones se preparan temas acordados con anterioridad, y mediante la discusión surgen conclusiones e iluminaciones que compaginan la teoría con la práctica.
Por otra parte están los cursos ofrecidos en distintos niveles. Para el mayor provecho de estas instancias, el asesor debe ir con una experiencia previa, ya que normalmente son cursos que parten de la vida para anclar allí la teoría. Como lo dice Boran (1995, 195): “Una de las claves del éxito de los cursos es la presencia de gente capacitada para entender la dinámica y llevar adelante el proceso, sin la dependencia de los expositores. Sin la presencia de esas personas, el curso puede desperdiciar energías y recursos”.
La propuesta formativa por excelencia dentro de cualquier nivel de la pastoral juvenil es la metodología ver, juzgar y actuar, añadiendo evaluar, celebrar y en algún caso, como sucede con el Equipo Editorial de Profetas de Esperanza (1997), ser.
En la figura 1 se representa el círculo pastoral, en el cual se muestra un modelo de este esquema de formación cíclica.
Esta metodología iniciada a mediados del siglo XX por el Cardenal Cardijn para la juventud obrera de Bélgica, se plantea como una metodología “para la acción transformadora de los cristianos” (CELAM, 1995, 296). Ha sido asumida por los obispos latinoamericanos en la elaboración de los documentos de Medellín, Puebla y Santo Domingo, donde es propuesta como un método pastoral por excelencia.
Los autores coinciden de una u otra forma en que la mejor formación para un asesor es haber vivido el proceso de formación dentro de un grupo juvenil. Pero esta no es la única vía de formación. También se proponen cursos, talleres, seminarios y grupos de asesores.
La visión que tenía el asesor anteriormente, cuando era un joven dentro del grupo juvenil, es diferente a la que posee al ser llamado para asesorar al grupo. Habrá aprendido con los modelos que tuvo en su proceso tanto las cualidades como los vicios que presentaron sus asesores. Por otra parte, es con un proceso de ensayo y error al encontrarse por primera vez con el grupo como comienza a ajustarse y a adquirir experiencia; aunque ese tipo de experiencia puede salir cara cuando, muy a pesar de las buenas intenciones, el asesor es sobrepasado por situaciones que se presenten en el grupo.
Las asambleas y grupos de asesores también son un buen lugar para la formación de los asesores. Allí se comparte con otros que tienen mayor experiencia, inquietudes similares e incluso respuestas a interrogantes que han surgido en él. En estas asambleas y reuniones se preparan temas acordados con anterioridad, y mediante la discusión surgen conclusiones e iluminaciones que compaginan la teoría con la práctica.
Por otra parte están los cursos ofrecidos en distintos niveles. Para el mayor provecho de estas instancias, el asesor debe ir con una experiencia previa, ya que normalmente son cursos que parten de la vida para anclar allí la teoría. Como lo dice Boran (1995, 195): “Una de las claves del éxito de los cursos es la presencia de gente capacitada para entender la dinámica y llevar adelante el proceso, sin la dependencia de los expositores. Sin la presencia de esas personas, el curso puede desperdiciar energías y recursos”.
La propuesta formativa por excelencia dentro de cualquier nivel de la pastoral juvenil es la metodología ver, juzgar y actuar, añadiendo evaluar, celebrar y en algún caso, como sucede con el Equipo Editorial de Profetas de Esperanza (1997), ser.
En la figura 1 se representa el círculo pastoral, en el cual se muestra un modelo de este esquema de formación cíclica.
Esta metodología iniciada a mediados del siglo XX por el Cardenal Cardijn para la juventud obrera de Bélgica, se plantea como una metodología “para la acción transformadora de los cristianos” (CELAM, 1995, 296). Ha sido asumida por los obispos latinoamericanos en la elaboración de los documentos de Medellín, Puebla y Santo Domingo, donde es propuesta como un método pastoral por excelencia.